Pedro Felipe Hoyos Körbel


Con este título publicó José Fernando Ocampo Trujillo, a principios de los años 70, un estudio para descubrir la concentración de poder en nuestra ciudad. Gran escándalo surgió a raíz de este libro. Se le cerraron las puertas de la ciudad al autor que había mostrado interés en debatir las estructuras de poder regional. Como unos perros furiosos que muerden a todo quien ose acercárseles demasiado al plato de comida, promovieron ante sus compañeros de "clase" condenar a Ocampo al ostracismo, negándole trabajo alguno a este recién egresado doctor en sociología.
Eso fue hace 40 años, hoy en día Manizales necesitaría otro José Fernando Ocampo, estructurado en el conocimiento y la investigación, para dar a conocer quiénes son los dueños del poder en Manizales, de cómo lo hacen y por qué, y especialmente que le aclare a la opinión pública para qué lo hacen.
Bien sabe la ciudadanía de la existencia de grupos económicos en la ciudad, locales como foráneos, y eso no es malo. La lógica económica es que empresarios exitosos tiendan a expandir sus negocios en las regiones de su interés, lo que llama la atención es que esa expansión más parece una captación. Debo definir la palabra "capitación". Captar es apoderase de algo por medios ajenos a la ética a pesar de tener respaldo en ciertas leyes. Capitación fue lo que hizo el paramilitarismo con el Congreso nacional, donde legalmente fueron electos estos congresistas, pero sus propósitos eran subvertir los valores democráticos. Estos conglomerados económicos son importantísimos para la región por muchos motivos, de ellos depende el tan venerado desarrollo económico. Atentar contra ellos sería cercenar una parte de un cuerpo sano.
Para las regiones es de trascendencia la presencia de empresas que logren, a través de su capacidad de aportar capital y "know how", emprender tareas que el Estado no debe y los otros miembros de la sociedad no son capaces, ya que cumplen otras funciones. A Colombia, especialmente a Caldas y su capital, le hacen falta empresas y empresarios que articulen esos grandes potenciales que poseemos, especialmente el humano. El problema surge cuando estos hombres de negocios empiezan a confundir conceptos y desconocen las razones de ser y metas de la sociedad representada en el Estado en aras de la obtención de ganancias en dinero. Cuando el Estado democrático es captado por los empresarios, o por cualquier grupo, este sufre un debilitamiento enorme y se vuelve inoperante. El Estado es de todos y esto se debe respetar como un mandamiento de Moisés, siempre y cuando se quiere que las cosas marchen bien, exista equidad, una justicia sana y bienestar para todos. Si estos valores no son moneda corriente, pues el panorama cambia abruptamente.
La capacidad proactiva de los empresarios en la economía se convierte entonces en una actividad parasitaria sustrayendo fuerzas vitales al Estado. No cabe duda que para estos empresarios es muy tentador tener injerencia en el Estado, ya que es el mayor poder económico en el país, un socio bobo, lleno de plata, al cual se le dictan fácilmente cualquier tipo de condiciones. Pero es imposible conciliar los intereses de un Estado que representa a todos sus habitantes y los empresarios ávidos de lucro. Vemos ese problema en la Licorera de Caldas, pues su actual situación financiera, la cual afecta los planes sociales de la Gobernación, se debe a este fenómeno. Municipios de Caldas, afectados por la crisis del café, entre otras, no podrán cumplir con su población en muchos temas de infraestructura debido a que la gallina ponedora de huevos de oro está maltrecha.
Un Estado débil no es capaz de cumplir su papel, no es capaz de organizar y llevar a cabo políticas en beneficio de sus gentes. Es triste ver un Estado postrado suponiéndolo fuerte, y ver cómo los problemas, por elementales, no son resueltos. Citaré un ejemplo de ámbito local cuyos efectos sociales más de veinte años después, para muchas regiones del departamento, continúan siendo letales: La crisis cafetera después del rompimiento del Pacto Cafetero en 1991. El Estado no fue capaz de sustituir el tejido social y económico que significó el café para esta región por más de un siglo. Este catastrófico reto que debería haber sido un nuevo despertar, una reconstrucción después de un incendio o un temblor, se manejó con unas pocas campañas y listo. La actividad profunda del Estado nunca se llevó a cabo y por ende el problema continuó minando el bienestar de la provincia caldense.
Debilitar al Estado es atentar contra el bienestar de todos; la guerrilla lo hace por medio de las armas y muchos empresarios lo hacen por medio de los contratos.
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