Jaime Alzate


Todo lo que viene sucediendo tanto en el mundo como en nuestra patria nos ha tenido prendidos de un hilo. Ya logramos sobrevivir a los dos más importantes acontecimientos, como fueron el nombramiento de un nuevo papa, y el descanso eterno de un personaje a quien solo podrá juzgar la historia, y dentro de un plazo no muy corto.
Veamos primero lo referente a S.S. Francisco. El impacto que ha causado por su enorme carisma, su humildad, la forma como se ha aproximado al mundo entero, incluyendo a todos los credos teístas, ha comenzado una nueva revolución dentro de la Iglesia Católica, que se volverá a encauzar por los caminos que fijó Cristo a un gigantesco conglomerado, que a pesar de su origen divino, por ser obra ejecutada por humanos, ha caído muchas veces en graves errores que la han puesto al borde del abismo. No voy, por física incapacidad mental, ni a analizar ni a criticar el tremendo trabajo que ha debido significar a los grandes jerarcas el conservar, dentro de un mundo permanentemente en ebullición, la unidad de mil doscientos millones de personas, cuyas ideologías, a pesar de estar unidos por un delgado hilo que da la fe presentan continuos enfrentamientos por los problemas que ocasionan los pecados de origen humano.
Estoy agradablemente sorprendido por la reacción del mundo ante el nuevo papa, pero también me doy cuenta que se está enfrentando a fuerzas que por estar enquistadas en el corazón de la Iglesia va a ser una lucha muy dura de sostener y así conservar la unión de los católicos, sobre todo para que su reacomodamiento sea el producto de la buena voluntad de un conglomerado que, sin demeritar para nada a los anteriores pastores, busca una nueva luz que ayude a tener un mundo más justo y solidario, que tanta falta hace.
Todo este melodrama en que se ha convertido la enfermedad y muerte del dictador Chávez llegó a su punto más álgido con al espectáculo casi carnavalesco de su entierro, organizado por su sucesor Maduro. Toda esta parafernalia ha dado lugar a que se hayan regado por todas partes las más increíbles consejas, que van desde el desconocimiento total del sitio donde murió, hasta si fue realmente enterrado el cadáver de este personaje. Se habla que se veló a una estatua de cera, y pudo pasarle a la Fernández de Argentina y la Rousseff de Brasil, que al darse cuenta de la farsa que se había organizado resolvieron poner pies en polvorosa, para no prestarse a semejante burla.
No hay duda que el heredero del régimen, campeón en manejo de tractomulas, va a ganarle ampliamente las próximas elecciones a su contrincante Capriles. Pero lo más grave de todo es que la situación económica y social de Venezuela es un verdadero desastre, y tan pronto comience el nuevo mandato, van a comenzar a levantarse las peladuras, cuya curación va a ser muy difícil. Nos imaginamos la cara que van a poner los países sanguijuelas que durante tanto tiempo han vivido como rémoras, cuando por absoluta necesidad, ocasionada por la catastrófica situación de la economía, se tenga que suspender el regalo del oro negro, o al menos subirles su precio a los niveles que rigen en el mercado internacional. Es que es inconcebible que mientras en Venezuela la gente está pasando por una situación crítica por la escasez de los más elementales productos, se siga regalando el dinero de un pueblo que tanto lo necesita.
No va a ser un motivo político el que va a producir el estallido de la burbuja; será la física hambre la que provocará que en poco tiempo la situación social se vuelva inmanejable, y entonces no habrá ni Maduro, ni Cabello que sean capaces de contener la peligrosa protesta masiva que se les vendrá encima. Estamos a pocos días de que negros nubarrones cubran el cielo de nuestros vecinos y por ahora no se ve una solución pacífica.
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Me parece que el optimismo del presidente Santos sobre el resultado de las conversaciones de paz en La Habana con los narcos de las Farc es exagerado. Si se analizan uno a uno los mensajes que a cada rato se mandan, no se puede decir que sean cariñitos de amor. Ojalá, Dios lo quiera, y como ven estoy bastante rezandero, todos esos buenos deseos sean respaldados por el de arriba, y no vamos a tener otra decepción. Guardo reservas sobre las verdadera intenciones de estos individuos, quienes, sigo pensando, lo que quieren es una amnistía total para irse a gozar de sus fortunas sangrientas en los países del norte de Europa, que por su innato apendejamiento tragan sapos enteros.
P.D.: A los políticos les interesa la gente, lo cual no es siempre una virtud: a las pulgas les gustan los perros.
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