Efrain Castaño


De España llegó esta amiga manizaleña-sevillana; sin perder la fuerza de chapolera nuestra ya adquirió el salero español que bien le luce y desparrama; después de su cordial saludo abrió la maleta con sorpresas y vestidos; con esmero sacó una lámina grande de calendario español, la mostró y me la donó con generosidad sonriente de rociera peregrina y cantaora.
Quedé conmocionado y agradecido; en la lámina grande lucía un rostro de belleza singular que nunca había detallado ni mirado; era el rostro ampliado de la pequeña Macarena, reina sevillana, con ojos brillantes, labio entreabierto, lágrimas cual perlas y frente mensajera.
Me senté a mirarla y me acordé de aquellos que al frente de la Mona Lisa en el Louvre se sientan por horas a descifrar sus rasgos y plantear la vida; me dije: Por qué no hacer lo mismo frente a este rostro hermoso de la Virgen de la Esperanza, Macarena de Sevilla; para el tiempo de Cuaresma es mensaje y lucernario.
Su rostro enamora y serena: Es un gesto amoroso, ajeno a la tragedia o desespero, con asomo de lágrimas de dolor ante el Hijo golpeado y maltratado pero dándole su presencia con la mirada de aliento.
Sus labios entreabiertos parecen musitar una plegaria, o un aliento callado que le dice: Sigue Hijo aunque duela, que el final es de fiesta, de novedad, de luz, de amor eterno; aquí estoy yo que soy tu Madre.
Ella sabía que con Dios hay acontecimientos que pueden ser dramáticos por su injusticia, dolor, fiereza, pero no son trágicos, es decir no son definitivos, sin futuro, sin una luz; hasta el drama mismo de la muerte con su pasión es vencido, superado, iluminado; San Pablo se atrevió a exclamar: "Dónde está muerte tu victoria?".
Ante ese rostro intuyó un drama, el de Jesús, pero me enamora su serenidad, su porte fuerte, su frente con el ceño de tensión y de dolor, sus lágrimas como lenguaje de pena, sus labios que parecen decir un te amo, sé valiente, espera, ya vendrá la explosión de la Gloria y la Vida.
Es ícono que eleva la Plegaria, despeja las nubes del dolor y la duda, encierra un tratado de pena y esperanza, habla de ternura y calma, es rostro que serena, ablanda, aflora a una Pascua que emerge de semillas de lucha, valentía y entrega.
Definitivamente quien esculpió ese rostro tenía manos de gitano orante, convicción creyente, enamorado pertinaz, optimista vital, cantor de Fe.
Ese rostro de la Virgen de la Esperanza, del barrio Macarena de la señorial Sevilla, traído por un corazón amigo, invita a seguir con firmeza, valentía y confianza en el camino Pascual del Cristo del poder por el amor y entrega de segura salvación en la vida.
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