Jaime Alzate


Con qué clase de optimismo podemos creer en las tales conversaciones de paz que está comenzando a sostener el Gobierno con los asesinos de las narcoguerrillas, después de presenciar el espantoso crimen cometido el pasado miércoles en la noche en la población de Pradera. A nadie medianamente normal le puede caber en la cabeza que existan bestias sin madre que se aprovechan de un día dedicado a los niños, quienes inocentemente se paseaban por la plaza del pueblo resguardados por sus padres y las autoridades, para enviar a dos adolescentes, quienes desde tan pequeños ya seguían los senderos del crimen, para cargar lo que parece fue una bicicleta con dinamita y hacerla explotar en medio de la multitud. Y lo pagaron con su propia vida.
Cada momento que pasa, me refuerzo más en la teoría de que la única forma de ganarles la guerra a los asesinos de niños, es ganándoles la guerra. Eso de tratar de llegar a acuerdos por las buenas son inocentadas en las que permanentemente hacen caer a los gobiernos, y que repetirlo es llover sobre mojado, porque todos conocemos la clase de inescrupulosos que son estos bandidos, a los cuales no hay que creerles ni lo que rezan.
Por allí queda una esperanza, y es que el viejo bandolero Iván Márquez, parece que está muy enamorado de la holandesa que vino a nuestra patria a ayudar a masacrar campesinos y a hacer alarde de su sentimiento guerrillero, del cual se siente inmensamente honrada. Buena belleza del averno nos mandaron. Pero todo indica que hay un sobrino del mono Jojoy, quien además de ser bastante joven tiene buena pinta, que le está pegando una caminada la macha a la mona, con ganas de quitársela a Márquez. Nada nos pondría más contentos que un agarrón, de impredecibles consecuencias, entre estos dos donjuanes.
Si este atentado de Pradera no merece el apelativo de demencial y cobarde, entonces que sigamos creyendo en las buenas intenciones de acabar con los asesinatos que cometen estas bestias y, como lo pidió su vocero en Oslo, los que debemos arrodillarnos y pedirles perdón somos nosotros, porque ellos, almas benditas, nunca han secuestrado, ni masacrado, ni negociado con cocaína.
Me pregunto, y créanme que con algo de esperanza, cuándo vamos a llegar a tener un poco de paz y tranquilidad antes que de que sigan presentándose hechos como el que comentamos y sobre el cual el mundo entero nos mira con horror, pues para todos es increíble que unas bandas terroristas cometan atentados de semejante crueldad contra inocentes niños. Estos crímenes nos hacen aparecer ante el mundo como si fuéramos de una raza diferente a la humana, por eso no podemos dejar que se sigan burlando de nosotros, y que como lamentablemente puede llegar a suceder, empiecen a darles largas a las reuniones y después de algunos meses o años caigamos en otro Halloween como el del Caguán, con máscara y silla vacía.
El presidente Santos ha repetido hasta el cansancio que el tiempo para llegar a una solución es limitado, y eso se lo tenemos que creer, pero que se acuerde, aunque él bien lo sabe, que los enemigos son ladinos, miserables y sin sangre para cometer sus fechorías. Reitero que para mí, como para el expresidente Uribe, lo que preparan las Farc es otra farsa y tenemos que estar preparados para seguir enfrentando a esos cobardes asesinos de niños.
P.D.: La generación actual se inspira en la revista Soho. La nuestra se inspiraba en la sota de bastos.
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