Fanny Bernal Orozco


Un cerrajero fue acusado injustamente de unos delitos y lo condenaron a vivir en una prisión oscura y profunda. Cuando llevaba allí algún tiempo, su mujer, que lo quería muchísimo se presentó al rey y le suplicó que le permitiera, por lo menos, llevarle una alfombra a su marido para que pudiera cumplir con sus postraciones cada día.
El rey consideró justa esa petición y dio permiso a la mujer para llevarle una alfombra para la oración.
El prisionero agradeció la alfombra a su mujer y cada día hacía fielmente sus postraciones sobre la alfombra. Pasado un tiempo el hombre escapó de la prisión y cuando le preguntaban cómo lo había conseguido, él explicaba que después de años de hacer sus postraciones y de orar para salir de la prisión, comenzó a ver lo que tenía justo bajo las narices.
Un buen día vio que su mujer había tejido en la alfombra el dibujo de la cerradura que lo mantenía prisionero. Cuando se dio cuenta de esto y comprendió que ya tenía en su poder toda la información que necesitaba para escapar, comenzó a hacerse amigo de sus guardias, y los convenció de que todos vivirían mucho mejor si lo ayudaban y escapaban juntos de la prisión.
Ellos estuvieron de acuerdo, puesto que aunque eran guardias comprendían que también estaban prisioneros. También deseaban escapar pero no tenían los medios para hacerlo.
Así pues, el cerrajero y sus guardias decidieron el siguiente plan: ellos le llevarían piezas de metal y él haría cosas útiles con ellas para venderlas en el mercado.
Juntos amasarían recursos para la huida y del trozo de metal más fuerte que pudieran adquirir, el cerrajero haría una llave. Una noche, cuando ya estaba todo preparado, el cerrajero y sus guardias abrieron la cerradura de la puerta de la prisión y salieron al frescor de la noche, donde estaba su amada esposa esperándolo.
Dejó en la prisión la alfombra para orar, para que cualquier otro prisionero que fuera lo suficientemente listo para interpretar el dibujo de la alfombra también pudiera escapar.
Así se reunió con su mujer; sus exguardias se hicieron sus amigos y todos vivieron en armonía.
El amor y la pericia prevalecieron.
Cuento tradicional sufí. Tomado de internet: www.personarte
A veces se tiene al frente de los ojos la respuesta a diferentes situaciones de la vida, y a pesar de que parecieran evidentes, puede pasar mucho tiempo hasta que se tome conciencia de la importancia que tiene en momentos importantes del vivir.
Y es que eventualmente es difícil entender algo que para otros es claro; es común que la gente use frases, como: ‘¿le hago el dibujito?’, sin tener en cuenta que las percepciones de cada ser humano son diferentes y que el llamado sentido común, no es tan común, como parece; hacen falta otros recursos para superar períodos críticos.
La observación, el análisis, la motivación, la introspección, en fin cada una de ellos o todos, son estrategias que ayudan a enfrentar obstáculos y a alcanzar metas.
Decía Saint Exupery que: “Lo esencial es invisible a los ojos”, y posiblemente es una frase que invita a reflexionar sobre las actitudes, creencias, hábitos y diálogos internos que se asumen en la vida diariamente. La falta de tiempo, o el no utilizarlo responsablemente, puede ser un impedimento, para realizar cambios, transformaciones o avances en la manera de comportarnos; con frecuencia se escuchan palabras como:
‘El día debería ser de 32 horas’, tal vez ésta sea una frase dicha desde el ego y no desde el corazón.
Quizás, esos enfermizos pensamientos tienen el poder de paralizar y poco ayudan para ‘ver’;
impiden crear e imposibilitan creer que existen otros caminos para recorrer, puertas para abrir y llaves para usar. Abrir las puertas de la prisión debe ser una experiencia maravillosa, máxime si es alguien que se sabe inocente.
De manera extraña, mucha gente vive en prisiones sin rejas y sin cerraduras, están cautivos y hasta se sienten condenados por la manera como viven su vida, por elección personal o porque le han entregado su poder personal a otras personas, lo que les ha generado una constante sensación de estar prisioneros.
A veces es necesario recibir ayuda de alguien para abrir las puertas, otras, basta con despojarse de tanta basura racional acumulada. Quizás lo que falta es enfrentar los miedos y hacer uso de la voluntad para salir de un cautiverio y comenzar a disfrutar de la libertad.
Aunque existen casos en los cuales las personas se resignan a vivir en sus prisiones, no se dan cuenta de que con un poco de esfuerzo pueden respirar otro aire y hacer uso de sus recursos personales para salir adelante. No siempre se cuenta con la posibilidad de ‘tener una alfombra’ que le lleve a la liberación.
¡No! los rescates no son actos mágicos logrados con amor y pericia, requieren además del deseo y la motivación por liberarse.
-¿Y usted, ha estado prisionero alguna vez?
*Psicóloga
fannybernalorozco@hotmail.com
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