Fanny Bernal Orozco


En la orilla de una granja vivía una familia de ratones integrada por los padres y dos hijos. Una mañana salieron a un día de campo. Los dos hermanitos pidieron permiso a sus padres para ir a jugar un poco más lejos. La señora les dijo que sí, pero les recomendó:
-Tengan mucho cuidado, porque por allí anda un gato. ¿Un gato? ¿Qué es eso? -preguntaron.
-Un animal grande con bigotes -respondió el padre mientras veía irse a los pequeños. Los ratoncillos se alejaron llenos de curiosidad por conocer a ese animal bigotudo, pues jamás lo habían visto.
-Me muero de ganas de verlo para divertirme con él -dijo la ratona.
Llegaron hasta la cerca y del otro lado alcanzaron a ver al felino. Éste se acercó y comenzó a mirarlos sin intención de hacerles daño. A los dos hermanos, el gato les pareció muy chistoso y comenzaron a burlarse de él, simplemente porque era distinto a ellos. Lo que más les divertía eran sus bigotes y sus orejas paradas.
El gato no se movía y sólo los veía fijamente, poco a poco se estaba enfureciendo. De repente, intentó saltar la cerca para ir sobre los ratones. Sin embargo, no lo logró y cayó como un pequeño costal. Los ratoncillos lloraban de la risa.
-Mira cómo temblamos -lo desafiaban.
Pero el minino no se quedó conforme. Intentó saltar una y otra vez hasta que lo logró y empezó a corretearlos. Muy asustados, los ratoncillos se desplazaban a toda velocidad hasta que llegaron donde estaban sus padres.
-¡Papá, mamá, corran, porque el gato viene para acá y nos va a comer! -gritaron a coro. Mamá ratona tenía mucho miedo pero decidió hacer algo para salvar a su familia. Se paró de manos, esperó al gato y cuando éste llegó lo miró a los ojos. Parecía que en cualquier momento el gato daría el zarpazo para atraparla, pero entonces ocurrió algo sorprendente. Mamá ratona tomo aire y empezó a ladrar como un feroz perro:
-¡Guau, guau, guau! Muy asustado, el gato salió corriendo de allí y la familia de ratones quedó a salvo.
-¿Ya lo vieron? Nunca tenemos que reírnos de las diferencias, sino saber reconocerlas. Recuerden que aprender el lenguaje de los demás y respetarlo puede salvarnos la vida.
-Cuento folclórico cubano Fuente:www.valores.com.
Dice, la mamá ratona: ‘aprender del lenguaje de los demás y respetarlo puede salvarnos la vida’.
En el mundo en que vivimos, esa sería una premisa para tener presente todos los días. Se imaginan ustedes la cantidad de violencia que dejaría de propagarse, si por lo menos un número considerable de personas tuviéramos un poco de estos aprendizajes, muy seguro la asertividad impediría muchas batallas y hasta guerras.
Y es que a veces, no hay que ir a ningún campo de batalla, para encontrarse en guerra. ¡No, éstas se viven en sitios más cercanos, conocidos y hasta familiares!. Ni se requieren armas sofisticadas, sólo palabras, gestos, actitudes y un fuerte caudal emocional.
¡Existe tanta dificultad para ponerse en el lugar de los otros! El otro quien quiera que sea, muchas veces sin motivos importantes es convertido en enemigo, al que hay que infringirle daño, hacerle la vida imposible e inclusive destruirlo.
Éstas no son actitudes de adultos solamente, no, éstas son conductas que aprenden muchos niños, que desde temprana edad, comienzan a burlarse, a humillar, a golpear, a ridiculizar, a amenazar, a intimidar, a robar, a minimizar y a dañar las pertenencias de sus compañeros.
Si son flacos, gordos, blancos, negros, responsables, respetuosos, tímidos, pobres, ricos, silenciosos, en fin, cualquier excusa es valedera, para iniciar el acoso; sin el menor asomo de culpa se perpetúan y reproducen actos que atentan contra la dignidad de quien recibe el maltrato, mientras otros en silencio, son testigos de diferentes actos de violencia.
Es ésta, una dolorosa verdad de lo que acontece en espacios académicos, mientras muchos adultos no saben qué decir, cómo intervenir, a quién acudir, ya que muchos de ellos, también han sido amenazados.
Reírse de las diferencias, es una actitud cobarde y mezquina, que tiene implícitas otras conductas, las cuales se deben analizar y tener en cuenta en temas tan álgidos como el del maltrato. Decir que es ésta una sociedad violenta y cruzarse de brazos, es darle la espalda a un asunto que cada vez ha ido tomando más ventaja.
Es posible que las historias de maltrato no resueltas, se hayan convertido hoy en actos tan violentos que figuren en las páginas de periódicos y noticieros radiales y televisivos. O tal vez, algunas víctimas se duelan en silencio en oficinas, fábricas, o empresas donde el acoso y el miedo sean un matrimonio difícil de disolver, por las implicaciones económicas, sociales, profesionales. El silencio y el miedo nutren la impunidad.
-¿Tiene algo para contar al respecto?
-¿O usted ha aprendido a no burlarse y a respetar y a reconocer las diferencias de los demás?
*Psicóloga
Profesora Titular Universidad de Manizales
fannybernalorozco@hotmail.com
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