Efrain Castaño


El 18 de septiembre de 1961 se informó que el avión que llevaba al señor Dag Hammarshkjold, secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) desde 1953, había explotado misteriosamente en el aire, pereciendo todos sus ocupantes; se dice que la investigación sobre la causa del siniestro quedó históricamente en suspenso.
Dag nació en Suecia en 1895 y después de una dinámica juventud estudiosa y responsable llegó a ocupar en su país altos cargos: presidente del banco nacional, ministro de Relaciones y secretario de la ONU desde 1953.
Su memoria es aún grata porque organizó la secretaría de la ONU de una forma eficiente, le dio dimensión universal y significativa en el mundo, fue limpio diplomático, trabajador incansable.
Dag es interesante no solo por su papel como secretario de la ONU sino por su profunda vida espiritual conocida a raíz de su fallecimiento y encontrar entre los papeles de su escritorio un interesante diario de su vida escrito con su puño y letra; este diario refleja la intimidad de su grandiosa existencia.
Ante una corriente de vida que hoy está inmersa en la velocidad, la competividad, el relativismo que duda de todo y camina en inseguridad, el pensamiento de Dag, inmerso en el centro de los conflictos, del manejo del dinero y los anhelos de paz en el mundo arroja una luz que serena.
Toda la actitud y actividad de Dag se basa en una certeza: soy un ser creado por Dios para una misión en el mundo; la vida tiene un sentido que enruta a cada persona. "Tu condición de vida puede imponerte lo que has de hacer -dice- pero la verdad es que tú y solo tú puedes hacer lo que está a tu elección y es: cómo has de hacer aquello que te corresponde hacer; el mismo hecho de vivir es ya una tarea inmensa y bella".
Este hombre fue grande porque supo plantear su vida en el realismo y grandeza de la existencia; hace preguntas que son de resonancia y validez diaria; "en qué forma te entregas a tus tareas cotidianas, a tus contactos con la gente, al cuidado de tu familia, al ejercicio de tus deportes?; puedes hacer esas cosas de mil maneras pero hay tan solo una manera digna y correcta de hacerla y que te dejará contento".
Es importante entregarse a las ocupaciones diarias, pero sin dudar de la importancia de las mismas siempre y cuando sean las correctas, las que responden a las tareas que se me han confiado.
Dag conoció un día el Evangelio de Jesús de Nazaret, le impactó y marcó su existencia: "a medida que sigo el camino, voy aprendiendo paso a paso, palabra por palabra, que tras cada frase del Evangelio hay un hombre y la experiencia de un hombre. Conviene que la Navidad siga al Adviento", es decir que la espera y la preparación recta logra hacer nacer un acto y vida nueva.
En líneas finales de su diario hay una frase que sella: "Tú, Señor que estás en mí, haz que lleve tu carga y cuando llegue mi hora... haz que pueda".
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