Pedro Felipe Hoyos Körbel


Desde cualquier ángulo el caso Merlano es muy interesante e induce a muchas reflexiones. Para mí es una foto instantánea, a todo color, de nuestro país. A continuación presento mi croquis, el cual deja como conclusión que Merlano es un idiota útil, mediáticamente armado, para cumplir con una finalidad muy precisa.
Parto de esta premisa: todo conductor que no haya discutido con un policía o guarda de tránsito, no ha manejado en las carreteras colombianas. Igualmente diría que los tragos hacen ver las cosas de un tamaño diferente al que tienen y por supuesto que el alcohol no liga con la gasolina. La persona que más sin embargo incurra en esta conducta, no está cometiendo delito alguno, aquí se trata de infracciones de tránsito, que las cometen hasta los senadores. Mucho deja de desear este miembro del legislativo colombiano cuando se niega a cumplir con los preceptos y la indicaciones que le dan unos policías. Y es triste ver a un senador de la República vociferando en un andén a altas horas de la noche, en vez de guardar su prístina voz para los debates en el recinto del senado; cincuenta mil votantes se lo agradecerían al unísono. ¿A qué o a cuánto lo puede condenar la Procuraduría General de la Nación? Si mucho a una amonestación, excepto que se pretenda acusarlo de tráfico de influencias, pero dudo que exagerar una queja de esa índole constituya ese tipo de falta. Eso sí sería gastar pólvora en gallinazos.
¿Pero entonces por qué los medios de comunicación siguen informando sobre el caso Merlano? ¿Por qué pone en evidencia que los senadores de la República tienen amigos en los altos mandos de la Policía Nacional? ¿Será que a los medios se les olvida que del Senado dependen los ascensos? Y ambas partes son la sección visible del engranaje de gobierno ya que los unos integran el poder legislativo y los policías hacen parte del poder ejecutivo.
Merlano es una cortina de humo sobre la cual embiste el toro de la opinión pública azuzado y manipulado por los medios. La indignación y la condena moral de Merlano sirve para distraer la atención acerca de senadores realmente peligrosos e irrespetuosos con todo lo que los colombianos consideramos importante y valioso. Con el oportuno chivo expiatorio de Merlano nadie ve la necesidad de preguntar por los senadores negociadores de la Reforma a la Justicia y todo ese oscuro y tal vez penal episodio. Todos los implicados se lavan las manos después de aparentemente haber hecho lo que la ley les exige: Los medios zarandean a un borracho; la Procuraduría General de la Nación interroga a unos policías dizque amenazados y así queda terminado este tonto sainete. ¿Rigor informativo, equidad, veracidad? Creo que a estas ideas las alcanzó el fuego amigo, esta vez disparado desde una cámara de televisión o un micrófono radial.
Si hubiese que alertar e informar a la sociedad colombiana sobre senadores que realmente hacen daño, los medios deberían investigar y volver noticia las actividades de los senadores Alejandro Carlos Chacón, Orlando Velandia, Martín Emilio Morales, Luis Fernando Duque, Juan Manuel Corzo, Juan Carlos Restrepo, Jesús Ignacio García, Gustavo Puentes, Germán Varón, Eduardo Enríquez, Carlos Edward Osorio y Roosvelt Rodríguez Rengifo. Lo más probable es que ellos no estén incurriendo en un delito y por ende se parta del supuesto que no hay instancia ante la cual se deba tramitar una demanda. Mas lo cierto es que la ética y la moralidad debida, el abuso y la falta de seriedad, las debe juzgar la opinión pública, el juez natural es la gente. A este juicio le deben apostar los medios serios y defensores de los valores de este país. Aquí hay labor periodística que hacer, aquí hay un lote para construir patria. Estos señores sí pueden ser acusados, no ante los tribunales usuales, es la opinión pública que se debe convertir en fiscal de su propia causa y juzgar con severidad. Urge que Colombia tome cartas en sus asuntos limpiando tanta basura que obstruye el paso del progreso y de la justicia. Me pregunto: ¿qué hace falta para que los medios de comunicación ventilen en forma las actas de las sesiones del Congreso donde se "debatió" el proyecto, se reconstruya el deterioro de este proyecto y se le muestre a la opinión pública la inherencia de cada senador?
La parranda de Merlano fue de muy poca monta, y pudo haber atropellado a varios transeúntes, pero fue en Bogotá donde muchos, demasiados senadores, en sano juicio, causaron un accidente fatal. ¡Querida Colombia, en Barranquilla no ha pasado nada!
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