Jaime Alzate


Todo lo que ha sucedido en nuestro país en los últimos días nos tiene con la boca tan abierta como un túnel. Creo interesante analizar algunos sucesos que tanto por la sorpresa como por la inmensa importancia que tienen, nos han puesto a pensar en cuáles serán las consecuencias que tendrán para nuestro futuro, y si debemos mirarlos con cierto grado de optimismo o pensamos que los resultados pueden llegar a ser nefastos para Colombia.
- Sin duda, lo primero que debemos analizar es la gigantesca sorpresa que nos dio el presidente Santos al confirmar la chiva que lanzó Pacho Santos por RCN informando de las conversaciones secretas que venían sosteniendo desde hacía varios meses, y en forma ultrasecreta, el Gobierno y la narcoguerrilla de las Farc. Nadie se imaginaba ni lejanamente que pudiera estar ocurriendo algo como esto, máxime cuando simultáneamente nuestro ejército había dado de baja a sus dos más importantes cabecillas, en valientes ataques a las entrañas mismas de sus guaridas. Este adelanto de la información provocó la ira de Santos y lógicamente su reacción, confirmando que el poder es para poder. De inmediato una llamada al Sr. Ardila Lule, dueño y señor de medio país, y en menos de lo que canta un gallo Santos tuvo que salir a buscar trabajo como cualquier ciudadano de la clase media. Estos son los primeros hechos que comenzaron a hacernos abrir la boca.
- Con gran rapidez, puesto que ya todo estaba casi preparado, se dio a conocer lo que se seguiría para que esta nueva ilusión no fuera igual a la del Caguán. Pudo entonces el país escuchar el discurso del Presidente, que a decir verdad me gustó por su tono moderado, tal como debía ser, informándonos sobre parte de los personajes que llevarían su representación en la mesa de negociaciones. Esta escogencia nos tranquilizó bastante, especialmente por la presencia de Humberto de la Calle y de Luis Carlos Villegas, excelentes negociadores por su vasta experiencia tanto jurídica como empresarial. Hasta ahí las cosa iban dentro de lo normal. Pero todo dejó rápidamente de ser tan claro cuando en la siguiente etapa vino la reunión en Cuba de los grandes capos. Estos individuos, cobijados y empujados por los hermanos Castro y lógicamente por el nuevo mejor amigo, salieron a la televisión a informarnos, con toda la arrogancia del mundo, de las veladas amenazas que tendremos oportunidad de tragarnos enteras en unos pocos días, porque todo aquel que esté por fuera de una adhesión incondicional será lanzado a las tinieblas exteriores. Ese fue el segundo bocado.
- Pero no todo quedó en la petulancia y la grosería de Timochenko. Mayor fue nuestra sorpresa cuando con la mayor desfachatez los bandidos negaron tener en su poder secuestrados a los miles de pobres colombianos cuyas familias con su inmenso dolor son el más fiel testimonio de la crueldad de los asesinos. Esta declaración es tan aberrante que lo único que quiere decir es que si no los tienen secuestrados es porque ya los mataron.
- ¡Y cómo les pareció la negación descarada y repugnante de que nunca han tenido algo que ver con el narcotráfico! Si esta es la carrilera ¡cómo será la estación! Si así comienzan unos contactos, con un sartal de mentiras y pretendiendo que ellos son las víctimas inocentes de todos los desangres que ha sufrido nuestra patria, francamente el poquito optimismo que he tenido no creo que me vaya a llegar muy lejos.
Está claro que lo que se nos viene encima es un hueso duro de roer, y que algún día había que volver a sentarse con los facinerosos esperando que reaccionen como seres humanos, pero a pesar del optimismo del presidente vemos que, como ya se ha dicho varias veces, con esta clase de individuos, para ganarles la guerra, hay que ganarles la guerra. ¿Guerrerista yo? No señores, realista que es diferente.
P.D.: En este país está prohibido robar. Los Nule no admiten competencia.
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