Efraim Osorio


Para "pisar cayos", muy estimado Jorge Enrique, hay que viajar siquiera al sur de la Florida (USA), en donde se encuentran esas "islas rasas, arenosas, frecuentemente anegadizas y cubiertas en gran parte de mangle, muy comunes en el mar de las Antillas y en el golfo mexicano". Así define El Diccionario el vocablo ‘cayo’. Y no son ‘dolorosos’, no, señor, como los calificó el columnista de LA PATRIA, Jorge Enrique Pava Quiceno: "…sabemos que entramos a pisar cayos dolorosos…" (14/9/2012). Por descontado, que él, con la expresión "pisar callos", es decir, tocar asuntos muy sensibles para un individuo o para toda una comunidad, se refería a los ‘callos’, éstos sí molestos y dolorosos, "esas durezas que por presión, roce y a veces lesión se forman en tejidos animales o vegetales" (Ibídem). Y hay también, don Jorge Enrique, ‘callos’, "esos pedazos del estómago de las vacas, terneras o carneros", deliciosos, si preparados (guisados, especialmente) como lo hacían las abuelas. En el mismo artículo, "El silencio de la CCC", escribe: "…para terminar el contrato firmaron otro sí…". ‘Otrosí’, escrito de esta manera, puede ser o un adverbio, sinónimo de ‘además’ (más empleado en escritos jurídicos o forenses), o un nombre que, en Derecho, significa "cada una de las peticiones o pretensiones que se ponen después de la principal", según la misma fuente. Adverbio o sustantivo, es una sola palabra.
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La conjunción ‘ni’ sirve para enlazar elementos negativos, palabras (‘ni esto ni aquello’), frases (‘ni de esta manera ni de aquella’) u oraciones (‘ni me voy ni renuncio’). Con mucha frecuencia se combina con el adverbio de negación ‘no’ (‘no pertenezco a esta corriente ni a ninguna otra’). Otras veces, entra en la formación de locuciones consagradas (‘¡ni riesgos!’, ‘¡ni loco que estuviera!’). Los redactores de los siguientes ejemplos en que interviene la conjunción ‘ni’ lo hicieron mal, por diferentes razones cada uno: El primero, Yohir Akerman, porque debió comenzar esta oración con ella: "Las Farc ni el Eln han aportado ni una sola idea concreta y real para que se de un cambio estructural positivo en el país" (LA PATRIA, 14/9/2012). Señor, "Ni las Farc ni el Eln han aportado una sola idea concreta…"; en esa frase, además, sobra la conjunción que precede a "una sola idea", pues las dos primeras expresan la naturaleza negativa de la oración, como en este ejemplo: "Ni Mena ni Reynoso le hacen un gol al arco iris", en el que no caben ni la conjunción de marras ni el adverbio de negación ‘no’ antes de "le hacen". El segundo, el programa Futbolmanía, de RCN, porque, en lugar de ‘ni’, echa mano de la conjunción disyuntiva ‘o’: "El siguiente es un programa familiar (…). No contiene escenas de sexo o de violencia". "No contiene escenas de sexo ni de violencia", así, lo que se entiende mejor si volvemos afirmativa la frase: "Contiene escenas de sexo o de violencia" (o de sexo o de violencia, no de las dos); "Contiene escenas de sexo y de violencia" (de las dos, y hasta de miseria, crueldad y ridiculez humanas, como "Protagonistas de Nuestra Tele", que "contiene" todo eso, y quién sabe qué más).
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Hay, don Pedro Felipe, una diferencia enorme entre los verbos ‘deshacer’ y ‘desechar’. Los sinónimos del primero son muchos, entre ellos, ‘suprimir, desordenar, despedazar, desbaratar, desarmar’: Y no creo que ninguno de ellos sea el pretendido por usted en la siguiente oración: "Como el padre Leopoldo Peláez, yo creo en los líderes individuales y deshecho por teorizantes las observaciones del bien intencionado Bernardo Londoño Gutiérrez" (LA PATRIA, Pedro Felipe Hoyos Körbel, 12/9/2012), porque ‘deshecho’ es el participio pasado de ‘deshacer’, cuyo presente de indicativo (primera persona), es ‘yo deshago’. ¿Entonces? ‘Yo desecho’, presente de indicativo de ‘desechar’, cuyos sinónimos son ‘repudiar, relegar, rechazar, excluir, expeler, apartar’, algunos de los cuales sí son adecuados para la idea que usted quiere exponer. ¿No le parece?
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La preposición ‘a’ tiene más empleos que cualquier lagarto político respetable: Introduce complementos directos, indirectos y circunstanciales; acompaña locuciones, modismos, idiotismos, maneras de hacer determinadas operaciones; induce a realizar ciertas acciones, etc. Por esto, no descarto del todo la locución ‘a futuro’, de la que hablé por primera vez en el 2002. Sin embargo, después de hechos algunos análisis, llegué a la conclusión de que, en realidad, ‘a futuro’ nada significa, como decir ‘a pasado’ o ‘a presente’. Ahora bien, si interviniese un verbo de movimiento, entonces sí, pero con el artículo, por ejemplo, "iremos al futuro" y "volveremos al pasado". En las dos siguientes muestras, el señor Luis Prieto Ocampo ha debido emplear preposiciones diferentes o distintos giros: "A futuro hay que terminar las obras de protección que está requiriendo la ladera de la planta Niza…"; "…los mecanismos que sean necesarios para lograr este control a futuro" (LA PATRIA, 10/9/2012). En la primera, "Para el futuro" o "Con proyección hacia el futuro…"; y la segunda, "…lograr este control en el futuro", o "en un futuro no muy lejano", como dice el bachiller en su discurso de graduación.
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