Pedro Felipe Hoyos Körbel


Es lastimoso como las malas noticias de las barras bravas opacan la sana pasión que despierta el deporte en la humanidad. Tanta alegría y emoción son canalizadas por mentes retorcidas convirtiéndolas en destrucción.
Recordemos que los sabios griegos habían elevado el deporte en una manera de expresar su religión creando las olimpiadas. El deporte es un juego y a la vez es la vida. Se asemejan mucho las derrotas y las victorias deportivas a las que suceden fuera de las canchas. La lucha en la vida, como en el deporte, hace crecer al hombre disciplinándolo; le muestran que existe el cuerpo en la medida que hay espíritu.
Me fue dado echar una somera mirada al mundo del ciclismo aquí en Manizales y las personas con que hablé sobre el tema, su vocación, me transmitieron la profunda satisfacción que sentían por su actividad. Ya sea Rafael Gutiérrez, Óscar Delgado o Rubiel Martínez, ninguno de ellos cambiaría debido que la bicicleta es parte, demasiado importante, de sus vidas.
Especial impresión me causó Rubiel Martínez, uno de los grandes protagonistas del ciclismo comarcal en los años 60 y 70. Su testimonio rebasa en mucho a lo que creía posible.
Nació hace 63 años en Aranzazu como uno de los 15 hijos del matrimonio de sus padres. Estando muy joven su familia se traslada a Manizales en búsqueda de un mejor futuro. Para ayudar a la economía familiar, Rubiel suspende sus estudios y entra trabajar en la Droguería Central como mensajero repartiendo los pedidos en una flamante bicicleta.
Amor, o mejor pasión a primera vista, fue lo que sintió Rubiel Martínez por la bicicleta y la velocidad. Con 12 años gana su primera carrera oficial: la Transmisora Caldas había organizado una carrera de mensajeros, competencia en la cual Rubiel triunfa. Continúa entrenando, tanto que lo despiden de su trabajo, pero gana competencias a nivel municipal y departamental obteniendo como premios una llanta o un neumático. Todo era precario, abundaban sí las ganas y la juventud. Un amigo le regalaba una libra de hígado para su adecuada nutrición y el técnico Fernando Gutiérrez madrugaba a las 4 de la mañana para entrenarlo gratuitamente, ya que entraba a trabajar a las 8.
Para sostenerse económicamente montó un alquiler de bicicletas en Hoyo Frío. En total corrió tres veces la "Vuelta a Colombia" y varias vueltas de "La Juventud". Con cariño y asombro cuenta Martínez que su más especial victoria fue la etapa Armenia-Ibagué en una vuelta a de "La Juventud" del año 70; ya en Armenia se habían acabado los viáticos de la escuadra caldense y varios de los corredores estaban decidiendo regresar. Él con sencillez planteó su triunfo al día siguiente en Ibagué, les aseguró que con ese logro tendrían lo necesario para llegar hasta Bogotá. Evidentemente trepó a "La Línea" adelante del grupo guardando suficientes fuerzas para descender con todo el impulso y rematar con desespero en la pista de ceniza del Estadio Manuel Murillo Toro de Ibagué.
En 1975 monta, con mercancía que un amigo le fió en Medellín, "El Rutero" su primer almacén. Eran este almacén y Ciclo Suárez los dos proveedores de insumos ciclísticos de la ciudad que contaba con 200 mil habitantes. Siempre estuvieron ubicados en el mismo sector: entre el Parque Caldas y el de San José, territorio que hoy en día continúan abarcando.
Preguntado acerca de su opinión de las nuevas tendencias del ciclismo en la ciudad y los almacenes ubicados a lo largo de la Avenida Santander, dice que esa diferenciación se debía más a la ubicación de los almacenes que a otra cosa. Que él bicicletas de muchos millones de pesos no las vendía por lo peligroso del sector, pero que la gana de la gente de montar bicicleta era la misma, que él atendía un tipo de clientela y que allá se ocupaban de otra. Anotaba Martínez Buitrago que si había un mayor despliegue publicitario alrededor de los deportes extremos en bicicleta, pero que la mayoría de la humanidad seguía montando bicicleta sobre terreno firme.
De los objetos que deplora Rubiel Martínez no haber guardado a tiempo fue un recorte de prensa del periódico Vanguardia Liberal de Bucaramanga en el cual aparece él bajo el titular de "El Campeón descalzo". Hacía referencia el titular a la precariedad de recursos materiales de este rutero caldense, pero en sí era un homenaje a este atleta que sabía sobreponerse a las adversidades y hacer suyo el triunfo. Se le puede agregar otro significado: Martínez es un campeón natural, es un hombre nacido para ser más por medio de la permanente lucha, es el triunfo de la voluntad y la mente sobre lo material.
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