Francisco Santos


Nunca la economía cafetera y el desarrollo social que genera en nuestro país ha estado tan amenazada como ahora. La bomba social que desencadenaría este cataclismo económico no tiene precedente. Vamos a ver si el gobierno se conecta, y el ministro del ramo deja por un segundo de lado el tema de tierras y se preocupa del sector real de su cartera, y evita ese descalabro.
Veamos las cifras. Un cafetero del Huila me decía la otra semana que en el departamento todos se rasgaban las vestiduras porque éste había perdido 250 mil millones de regalías y, nadie decía nada de los 550 mil millones que habían perdido las 75 mil familias cafeteras en el último año por cuenta de lluvias, malas vías y solo tener el 25 por ciento del café renovado y resistente a la roya.
Una familia cafetera de cuatro, todos trabajando en la finca con un café renovado y producción tecnificada le puede dejar a la familia hasta tres millones al mes. Hagan las cuentas, tenemos 560 mil familias cafeteras, un 80 por ciento con fincas de menos de 2 hectáreas.
La situación se agrava y se convierte en un problema de seguridad nacional si tenemos en cuenta que entre los departamentos de mayor producción están, además del Huila, en el Tolima, Nariño y Cauca, regiones con la más grande presencia de las Farc. Obvio, cada vez que baja el precio internacional del café hay júbilo en esta organización terrorista esperando la explosión social.
La crisis tiene hoy además un ingrediente adicional: los cuestionamientos a la Federación de Cafeteros y al actual modelo de manejo de esta agroindustria. Los cuestionamientos son varios, pero el principal es que se preocupa más por el producto que por los productores. Atraso científico, sobre regulación del sector, negocios con millonarias pérdidas como Juan Valdez y poca transparencia en la presentación de cuentas de dineros públicos, son solo algunas de las sanas y serias críticas, que por cierto no proceden de los enemigos tradicionales de está entidad.
No ayuda que los resultados en el sector en los últimos 15 años son catastróficos en materia de productividad y producción del grano. Hoy las fincas cafeteras de Centroamérica son un 50 por ciento más productivas que las de nuestro país y pasamos de producir 16 millones de sacos en 1991 a poco menos de ocho el año pasado.
¿Qué hacer? ciertamente no es seguir por el mismo camino o peor aún, aumentar la retención cafetera. Hoy, hay en el gobierno, un Presidente cafetero que conoce bien la industria y las entrañas del gremio. Vamos a ver si en este caso el Primer Mandatario decide reformar a fondo el modelo cafetero y salvar ese sector económico de gran impacto económico y social o por el contrario decide proteger la mala gestión, incluyendo la de su asesora de cabecera y esposa del Ministro del Interior y termina enterrando el sector y la entidad que tanto le dio. Hagan sus apuestas.
Yo, por mi parte, no creo que se dé esa pela y salve al sector cafetero con creatividad y agallas. Ojalá esté equivocado.
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