Yohir Akerman


Aunque el paro cafetero no tiene un tinte político, sí tiene uno importante de fracaso. Sobre todo de fracaso de la política agrícola del país. Y por consiguiente fracaso de un sector que en el pasado fue el motor de la construcción de carreteras, acueductos y alumbrado rural, y que ahora tiene que rogar al Estado para su subsistencia. Increíble y lamentable.
El fracaso de ese sector, es un fracaso de todo el país. Así de claro y así de sencillo. Ya que la terrible situación del sector cafetero, y por consiguiente el inevitable paro que enfrentamos, es la más evidente demostración de los efectos del síndrome de la enfermedad holandesa, en la que las divisas que han generado la explotación minera y petrolera han causado la revaluación del peso. Sin duda.
Esto empieza a pasar factura en materia de crecimiento económico de los próximos años y a afectar sectores brutalmente en el presente. El café es la victima más clara de esto, pero vienen más.
La combinación de varios factores que generó esta situación en el ámbito internacional fueron la crisis económica mundial que limitó los mercados y produjo proteccionismo en diferentes países, acompañado de la devaluación internacional del dólar.
En el plano local fue agravado por la revaluación de la moneda colombiana que es distinto al efecto de la moneda internacional; la libertad en el mercado local para los capitales golondrina que es una consecuencia de la política de inversión del gobierno del expresidente Álvaro Uribe con el fin de entrar en la Ocde; la falta de infraestructura que disparó los precios de producción; la entrada en vigor de diferentes TLC; y finalmente, la desprotección completa de la industria nacional por parte del gobierno nacional.
Una receta explosiva que hoy deja un sabor de café amargo.
A los cafeteros, como un sector organizado de la sociedad, hay que escucharlos y favorecerlos para poder construir tejido social y ciudadanía rural. Sin excusas.
El Estado no puede ignorar el tema y tratarlo como un problema periférico, cuando esto es un paro cardíaco para el país. Y aunque el paro no se ha politizado, tampoco se debe politizar, el gobierno es el mejor aliado, y posiblemente el único real, que tienen los caficultores en este momento.
Ayudarlos significa que hay que hacer una lucha real contra la revaluación. Ese debe ser el principal compromiso del Estado.
Pero tampoco se puede tratar el tema como los cafeteros están pidiendo. Hay que apoyarlos pero dándoles crédito, el que necesiten, y cobrándolo cuando la situación, tarde o temprano, se estabilice. No pueden ser subsidios que salen de los bolsillos de los contribuyentes para compensar las ganancias que no han llegado a las billeteras de los cafeteros.
No se pueden seguir haciendo exigencias desmedidas.
El tema está en la lucha contra la revaluación, que es un reto mayúsculo. En esto el Banco de la República tiene que comprar más dólares, controlar, realmente, los capitales golondrinas, e incluso hacer un debate real sobre la posibilidad de imponer tasas diferenciales de cambio.
Es un momento de medidas extraordinarias. No de soluciones paliativas. La situación requiere de una cirugía de corazón y no curitas encima de las heridas.
Aunque he sido un enemigo del proteccionismo del mercado nacional, las coyunturas son coyunturas. Y en esta hay que ser proteccionista de la industria nacional, y del sector cafetero, ya que está en juego el futuro de la economía nacional. No verlo de esa manera es desconocer que el país está entrando en una crisis que puede lastimar realmente el futuro y su desarrollo.
La libertad de mercados que se impulsó con el fin de entrar en la Ocde fue buena en unas cosas y perversa en otras. Hasta ahora terminó siendo como la persona que, para ser admitida en un club social, alquila un carro de lujo y compra un traje fino de corbata para la entrevista, sin tener en cuenta que con esos gastos dejó a la familia sin con qué comprar el mercado.
Es momento de preocuparse por la familia. Esos son nuestros cafeteros. Pero todo desde una moderación que no lastime al resto del país.
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