Jaime Alzate


Esta fue tal vez la peor semana que le ha tocado padecer al presidente Santos desde su posesión, hace ya tres largos y movidos años.
El paro de múltiples actividades, que nos ha tenido en vilo en estos días, ha ocasionado que la parálisis a que nos hemos visto sometidos nos esté llevando muy rápido de c... para el estanco. A mi modo de ver, todo comenzó hace dos meses cuando los cafeteros resolvieron ante la dramática situación económica que están viviendo, con un nivel de vida rayando en la miseria, hacer una masiva protesta, que por muy poquito en ese momento no se le salió del todo de las manos al gobierno. El manejo que se le dio en ese entonces a ese hecho, tanto por parte de la Federación en la cabeza de Genaro Muñoz, como del entonces ministro de Agricultura, fue la más clara demostración de ineptitud que se haya visto en este gremio. Ambas partes, a sabiendas que lo que prometían eran mentiras, o a lo máximo verdades a medias, prometieron unos subsidios que el país no era capaz de cumplir, aunque con la conciencia clara de que eran necesarios para darle un pequeño respiro a una agremiación que sin lugar a dudas, ha sido muchas las veces a lo largo de la historia, la que con su generosa colaboración ha sacado del hueco la economía del país.
Lógicamente, al tener que enfrentar la realidad, ambas partes comenzaron a quedar mal, y aunque se ha alcanzado a cumplir con una pequeña parte de los compromisos prometidos, la verdad es que los cafeteros rasos, esos que tienen que sobrevivir del pancoger de sus parcelas, porque el precio de venta actual da verdadera lástima, siguen cada día peor.
Por supuesto que ante el desespero en que se encuentran los caficultores, por lo que se reconoce como un engaño, optaron por hacer un nuevo llamado a otro paro, con la diferencia gravísima de que esta vez han contado con el apoyo de varios poderosos gremios, como el de los transportadores, representados por los camioneros, el sector de la salud, que sigue en estado agónico y con la lógica ayuda de ciertos grupos de revoltosos infiltrados en algunas universidades, que ya no protestan con gritos ni pancartas, sino con mortíferas papabombas y armas de artillería pesada, con las que atacan a la fuerza pública, sin que ni siquiera les pase por la mente que estos policías y estos soldados, pertenecen a clases económicas pobres, máximo igual a la de los atacantes, quienes por lo menos tuvieron la fortuna de entrar a una universidad. Por allí en Bogotá hay un antro llamado Universidad Pedagógica, que no me explico cómo no ha sido clausurado, porque está infestada de agitadores quienes apenas oyen explotar un volador salen armados hasta los dientes a quemar carros y buses con niños y ancianos adentro. Esto es lo que se llama una civilización de trogloditas.
Y como si no tuviéramos bastantes líos, el problema con el baboso Ortega sigue creciendo, y lo peor es que la actitud del gobierno es más y más dubitativa. No nos digamos mentiras, pero hasta el momento nadie sabe qué camino coger. Mientras tanto los jueces cagrecos de La Haya siguen recibiendo solicitudes de Nicaragua, ya no solo para acabar de arrasar a Colombia, sino que se quieren apoderar de una buena parte de Costa Rica y se enfrentan a Panamá, Jamaica, Honduras y El Salvador con su mentalidad de orates expansionistas.
Pero, volviendo al agro, todavía falta mucha tela por cortar, pues el resto del sector agropecuario, como el lechero, está peor que los cafeteros. Los cultivadores de cítricos no tenemos ni con qué subsistir, los arroceros están enfrentando contrabando de todas partes, los plataneros también se duelen, como todos, de los precios de los abonos y fungicidas. Señores del gobierno, sabemos que es imposible que nos vayan a subsidiar, porque también quedaríamos como los caficultores viendo un tierrero, pero sí pueden y deben ayudarnos con los precios de lo abonos, como lo están haciendo en Ecuador y Perú, contra los que no tenemos cómo competir, ya que sus costos de producción son tan inferiores a los de Colombia, que la ruina del agro se podrá venir antes de lo esperado.
Como un solo ejemplo comento: Un bulto de úrea, elemento absolutamente indispensable para los cultivos, vale en Colombia $60.000. En Perú y Ecuador vale $25.000. Sin comentarios.
P.D.: Vocación: Cualquier empleo mal pagado que uno tiene que aceptar porque no le queda más remedio.
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