Efrain Castaño


Malabarista exitoso es aquel que sabe manejar con destreza los objetos que hace pasar de mano en mano; artista grande es aquel que sabe unir la grandeza de su mente con el pincel y la pintura; hombre grande es aquel que sabe usar correctamente los bienes terrenos, la riqueza, lo útil.
En esta fiesta Patria, 7 de agosto, hay que recordar que hace un bien inmenso a la Nación quien aprende a usar sus bienes en beneficio de todos los demás, quien no cae esclavo de la riqueza o los bienes terrenos sino que aprende a usarlos con libertad, justicia y bienestar para los demás.
Jesús de Nazaret habló muchas veces sobre ello; hace girar nuestra vida sobre la manera como usemos la riqueza; dinero y bienes hay, pero el problema está en la manera egoísta, ciega, sorda e injusta como se gasta, se invierte, se reparte.
Basilio nació en la hoy Turquía en el año 331; se destacó como hombre de inmensa cultura, monje, obispo, pastor; dejó escritos de gran valor y vigor como llamamiento a una conducta pertinente al Evangelio; Benedicto XVI, el papa emérito, teólogo sólido y preciso hizo muchas veces la convocación a la solidaridad que comparte la fe en el amor que da la existencia y los bienes; su carta "caridad en la Verdad" es una sabia descripción de la situación social mundial y posibles soluciones; el papa Francisco pregona por doquier que hay pobreza pero que el comienzo de solución no está en leyes sino en actitudes de acercamiento cariñoso, misericordioso, alegre, sincero, dialogante.
Si lográramos pasar del "vivir para sí" al "vivir para los demás" se daría un salto revolucionario que traería cambios sociales de inmensa grandeza. Me parece que hace bien conocer una parte de una homilía de San Basilio sobre la caridad; ayuda a despertarnos de toda somnolencia o indiferencia.
"Hombre, imita a la tierra; produce fruto igual que ella, no seas que parezcas pero que ella que es un ser inanimado. La tierra produce unos frutos de los que ella no ha de gozar sino que están destinados a tu provecho. En cambio los frutos que tú produces los recolectas en provecho propio. Cuando das al necesitado, lo que le das se convierte en algo tuyo y se te devuelve acrecentado.
Tus riquezas tendrás que dejarlas aquí lo quieras o no; por el contrario la gloria que haya adquirido con tus buenas obras la llevarás hasta el Señor, en recompensa por haber administrado rectamente unos bienes corruptibles, recibirás la gloria eterna, la corona de justicia. Ea, pues, reparte tus riquezas según convenga, sé liberal y espléndido en dar a los pobres.
Deberías estar agradecido, contento y feliz por el honor que se te ha concedido, al no ser tú quien ha de importunar la puerta de los demás, sino los demás quienes acuden a la tuya. Tú en cambio, te retraes y te haces casi inaccesible, rehuyes el encuentro con los demás para no verte obligado a soltar ni una pequeña dádiva.
Solo sabes decir: no tengo nada que dar, soy pobre. En verdad eres pobre y privado de todo bien: pobre en amor, en humanidad, en confianza en Dios, en esperanza eterna".
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