Jaime Alzate


Cada vez me pongo más nervioso con la situación del país, y la verdad es que con quienquiera que uno hable tiene regado el pesimismo por todas partes. Las encuestas marcan unos índices de desfavorabilidad como hace años no tenía ningún presidente. Por cualquier sitio que pinchen a Santos le salen chorros de incapacidad para enfrentar la cascada de problemas que se le han venido encima, algunos causados por sus enemigos y otros por metidas de pata como con las que le hizo frente al paro agropecuario, cuya solución sigue pendiente. Estamos a punto de reventar, aunque el viejo dicho dice que no hay mal que dure cien años, pero aquí tenemos que terminarlo diciendo que tampoco hay presidente tan débil que lo resista.
En todas las épocas los gobiernos tuvieron problemas de enorme gravedad, pero nunca que se hayan vuelto interminables por física incapacidad de un mandatario para enfrentar lo del "tal paro nacional agrario", que según él nunca existió, en la clásica demostración de que hay gentes que son buenas para algunas cosas, pero ineptas para otras, como por ejemplo, ser presidentes de la República. Claro que esto que estoy escribiendo con seguridad me traerá algunos enemigos, pero ante la gravedad de la situación tenemos que amarrarnos los pantalones con mucha berraquera, y prácticamente obligar al gobierno a obrar con toda la justicia, pero también con todo el coraje, para no dejar que el país se deslice hacia un abismo sin fondo.
Tal vez lo del paro nos afecta en forma más directa e inmediata que el otro peligro inminente y tenebroso sobre el cual hemos estado en situación casi de pánico, y que ahora sí, de verdad, nos puede cambiar toda la vida a los colombianos por la gravedad de lo que está aconteciendo. Me refiero a las conversaciones de paz con los guerrilleros narcotraficantes. Desde el primer momento en que por una indiscreción de un funcionario del gobierno nos enteramos los habitantes de este sufrido pueblo de que el hermano del presidente, quien ha estado siempre muy al lado de la izquierda, recibió la autorización del Dr Santos para comenzar unas conversaciones, bastantes peligrosas por cierto, todo el mundo, incluidos países extranjeros del centro medio expresaron sus temores sobre los resultados de acostarse a dormir con una culebra cascabel.
Como lo que dice el pueblo generalmente es palabra de Dios, se comenzó a rumorar que las finalidades de estas conversaciones no eran del todo claras, y que en un arrebato de soberbia Santos decidió jugarse la suerte del país para ser reelecto en los comicios del año entrante; pero sobre todo su inmenso anhelo ha sido ser escogido para recibir el premio Nobel de la Paz. La situación del país es crítica, tanto por las amenazas con que nos tienen atemorizados la cúpula guerrillera, como por la falta de coraje del gobierno, dejando que los malandros digan y hagan lo que les venga en gana.
El asunto es que cualquiera que sea la intención, las consecuencias han sido terribles. Las últimas encuestas indican un rechazo inmenso hacia el presidente, a tal punto que lleva un irrisorio 21% de favorabilidad, cosa nunca vista desde los tiempos del general Rojas Pinilla o cuando el Caguán de Pastrana.
Acaba de conocerse lo que debe ser el último cambio de ministros al que se vio obligado Santos como tabla de salvación o, mejor dicho, de distracción, como en las funciones de un circo cambiando los trapecistas antes que se caigan solos. Ojalá acierte para el bien de todos, y esperamos que nuevamente recuperemos algo de la confianza que nos dejó Uribe y que ahora no sentimos ni por los forros. Falta un poco menos de un año para que tengamos nuevas caras en el Palacio de Nariño, y como ahora la cosa se va a poner más difícil, necesitamos que se demuestre que acá hay todavía gente con cojones y no nos dejen llevar a un desastroso desconcierto con actuaciones que señalan la falta de mano dura para enfrentar a los eternos enemigos, que se siguen envalentonando por falta de contrincante.
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