Jaime Alzate


Estoy seguro de que a estas alturas, fuera de los narcotraficantes de las Farc, nadie, ni siquiera el presidente Santos, ni el único de fiar que es Humberto de la Calle, saben a cierta a dónde nos está llevando el sainete de las conversaciones de paz de La Habana. Llegamos a un año de incertidumbre, y a pesar de que al comienzo hubo una oleada de optimismo, muy rápidamente se fue desvaneciendo, dejándonos en una situación que se refleja en las encuestas publicadas en varios medios, y cuyos resultados de aceptación para el gobierno dan ganas de llorar.
Las declaraciones que diariamente dan los tirofijos de la actualidad están rodeadas de un pestilente olor a triunfo y petulancia, como sabiéndose los dueños de la situación, al extremo que muchas veces el alto gobierno queda casi que sin aliento para responder y comienza a dar palos de ciego, porque sin duda la estrategia que siguen en La Habana está sacando al país de quicio y provocando más pesimismo del que nunca nos imaginaríamos que íbamos a volver a sentir.
Esta semana el procurador Ordóñez dijo una frase que nos dejó temblando, por lo que ella significa. Hablando de la propuesta del gobierno para refrendar los acuerdos de La Habana expresó: "Será un referendo armado con la pistola en la sien de los ciudadanos". Tenebrosa, pero desafortunadamente real.
Pero claro, todo este prolonguis de la farsa, que ya completa un año, es parte integral de la estrategia, dentro de la cual planean aparecer ante el mundo como los buenos del paseo, dejándonos a los colombianos como los que nos oponemos a que exista en nuestra patria una verdadera justicia social, pero callando como ostras cuando alguien les recuerda los miles de cobardes asesinatos que han cometido, el abandono de los campos a que han sometido a los pobres campesinos y la incertidumbre llena de temor en que nos tienen viviendo desde hace más de 50 años.
Por eso me pregunto: ¿para dónde vamos? Los resultados de las últimas encuestas, específicamente las de Datexco, son un indicador que debe obligar a Santos a cambiar drásticamente sus pautas de gobierno y reconsiderar muy a fondo que su futuro político está hundido dentro de un mar de desaciertos, y el cambio lo tiene como el del farolito perdiendo favorabilidad aún contra Clara López, quien ya le pisa los talones, dando así una idea sólida de lo mal que lo está pasando.
Un presidente, con todo el poder que da ser candidato a la reelección, ejerciendo simultáneamente el mando, no debería tener el desespero que está mostrando Santos viendo como, su más querido amigo, Vargas Lleras, se está preparando para darle un zarpazo, igual o peor al que él le dio a Uribe.
El panorama político, que por razón natural se vuelve una olla en ebullición en época electoral, está como una caldera a punto de explotar, porque a menos que ocurra un milagro en las conversaciones de La Habana, la política va a sentir un remezón que va a volar m. al mismo zarzo. Mucho nos preguntamos qué tendrá de bueno un puesto como este, con todos los dolores de cabeza, la pérdida de prestigio y, sobre todo, las traiciones que envuelven el manejo del poder. Ya quedan pocos meses para las elecciones y el panorama está muy oscuro. Hagan la escogencia de todos los que están haciendo cola para quedarse con el solio de Bolívar, y súmenle los que quieren quedarse atornillados al clientelismo, a la politiquería y a la burocracia, y podrán ver que somos poquitos los que quedamos por fuera de tan excelsa lista.
P.D.: Las mujeres necesitan una razón para tener relaciones sexuales. Los hombres solo necesitan un lugar.
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