Luis F. Gómez
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El crecimiento económico que se ha dado en los últimos años no ha logrado cerrar la brecha entre ricos y pobres. Es un hecho, las economías crecen, pero la diferencia entre los más tienen y los que no tienen no se reduce significativamente. Hay una desigual distribución de la riqueza y el ingreso generado. Y esta situación genera dinámicas que sencillamente atentan contra la sostenibilidad en el tiempo de las sociedades, pues generan contradicciones internas que producen choques y dinámicas perversas. Hacen que vivamos en una economía de mercado, donde los distintos agentes no tienen las mismas posibilidades. Una pretendida igualdad que se queda en el papel.
En los Estados Unidos la clase media pierde terreno en el concierto de ese país, pues la suma de los ricos y pobres era superior, por primera vez desde que hay mediciones, al volumen de la clase media. La globalización ha ayudado al crecimiento en los países, pero a su vez al interior de estos, la desigualdad sigue siendo grande. Y no es problema solamente de los norteamericanos, sino también en China e India el crecimiento económico ha sacado a muchas personas de la pobreza absoluta, colocándolos por encima de la línea de pobreza, pero a su vez ha generado una nueva clase emergente de grandes ricos, con lo que la distribución se ha visto afectada. En Colombia también hemos sufrido del mismo problema. En Caldas tenemos una tasa de pobreza del 35,4 que es mayor que el promedio nacional ubicado en 32. Nuestra tasa nos coloca frente a una cantidad de pobres de casi 600 mil personas.
¿Cómo crecer con buena redistribución? Es una de las preguntas claves que los economistas se hacen. Tres factores inciden dramáticamente en el tema: la estructura tributaria, el gasto del gobierno y la transparencia de los mercados.
Una buena estructura de impuestos y un sistema eficiente de recaudación, donde se limite severamente la evasión tributaria, la progresividad de los tributos sea efectiva, y la transparencia en la rendición de cuentas evite la elusión, ayuda definitivamente a que una sociedad sea más igualitaria. Por ello, el esfuerzo que está haciendo el país de pensar una reforma tributaria estructural es fundamental. Hay que construir un sistema limpio, eficiente y progresivo.
De otra parte, el gasto del Gobierno tiene que pasar de los subsidios, sabiendo que algunos de ellos hay que mantenerlos mientras se dan ciertas transiciones, a la creación de bienes públicos. Sencillamente, los dineros del Estado no deben ir a los bolsillos de algunos, sino financiar bienes que estén al servicio de todos los ciudadanos. Por ello, la idea del Gobierno de impulsar la construcción de la infraestructura es fundamental para todos. Hasta la misma comisión rural, que ha estado estudiando el problema del agro en el país, así lo dictaminó: hay que reducir los subsidios y buscar invertir en lo que apalanque el dinamismo del sistema productivo agrícola.
El último punto es el de la transparencia del mercado. Libertad de mercado pero con regulación. Es una de las formas como se sintetiza el principio de nuestro ordenamiento jurídico de Colombia como un Estado Social de Derecho. Cuando en la Constitución de 1991 lo asumió formalmente, nos estableció una ruta que países como Alemania y España habían asumido. Y lo que permite colocar a los ciudadanos y el interés general por encima del particular. Implica una defensa seria y contundente de los consumidores.
El solo crecimiento no nos da distribución. Esta hay que propiciarla con otros instrumentos.
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