Jaime Alzate


Tuvimos el inmenso placer de tener en estos días en nuestra ciudad a Humberto de la Calle Lombana, uno de esos personajes que lo hacen reconciliar a uno con el país político, porque durante su larga trayectoria de patriotismo, dejando huella de trabajo arduo en todos los campos, ha demostrado inteligencia y deseo de servir, sacrificando su propio futuro que desde hace tiempo lo hubiera podido llevar hasta la Presidencia de la República.
Pocas veces habíamos tenido épocas más controvertidas que las actuales con las dramáticas conversaciones de paz que se vienen sosteniendo con los rezagos de la plaga de terroristas más violenta que país alguno haya que tenido que sufrir durante más de cincuenta años.
Está el doctor De la Calle en la agobiante tarea de dar a conocer con detalles, a amigos y opositores, el estado en que van estas reuniones que tienen polarizado al país, y de las que habrá un documento definitivo cuando todo esté acordado, pues como se anunció desde el comienzo nada estará acordado hasta que todo esté acordado.
El conversatorio con De la Calle en el Club Manizales no estuvo lo concurrido que se hubiera deseado, pero muchas veces la cantidad no hace la calidad y todos salimos satisfechos por la claridad de lo expuesto por el conferencista, y el convencimiento que él irradia de que las cosas van por buen camino, aunque se mostró también dudoso sobre el tiempo que todavía tenemos que recorrer antes de poder decir que nos estamos aproximando al final, porque como se sabe, en la mentalidad de los bandoleros no existe esta palabra, y permanentemente dan declaraciones que desorientan a la opinión pública, aplazando con toda clase de argucias la definición a la que tan ansiosos estamos de llegar 45 millones de gentes de bien.
Hizo nuestro personaje un recuento muy claro, sobrio y sucinto sobre lo que ha pasado desde que el presidente Santos informó al mundo de su decisión de embarcarse en una aventura cuyo final, a pesar de sus buenas intenciones, no tiene un futuro claro. Es que después de medio siglo de barbarie no es fácil asimilar un cambio en las malignas mentes de los terroristas, para que en un corto período vayan a salir como dulces angelitos, no solo a dejar de asesinar inocentes, sino a abandonar las inmensas fortunas que les entran con el asqueante negocio de la cocaína.
Otro duro trabajo para el doctor Humberto, sobre todo porque no es la primera vez que tiene que enfrentar situaciones, contra su voluntad, que desgastan hasta una barra de tungsteno. Me refiero a la encrucijada en que se vio metido cuando tuvo que respaldar al partido Liberal, aceptando por obligación a una vicepresidencia que estaba lejos de desear, cuando el candidato era Ernesto Samper.
El país le cree a Humberto de la Calle y sabe que con él al mando del grupo de negociaciones las cosas son claras. Yo mantengo muchas dudas, no por los civiles que conforman el equipo negociador del Gobierno ni mucho menos por los militares, pues con toda seguridad están entregando lo mejor de ellos para salvar a Colombia. Pero francamente se va a necesitar hacer de tripas corazón para creer en la honestidad de los bandidos de la contraparte.
La encuesta de CMI del jueves pasado da los siguientes resultados: No tiene confianza en las Farc sobre las conversaciones de paz 78%. Sí tiene confianza 22%. Preocupantes resultados.
P.D.: Una buena esposa siempre perdona a su marido cuando éste está equivocado.
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