Jaime Alzate


La situación de Colombia se enreda cada vez más. Uno no sabe qué pensar ante la avalancha de informaciones que llegan, sin que alcance el tiempo para analizarlas. El gobierno central, que se cree con la verdad revelada, no hace sino desorientar y nos deja la idea de que con la división en que nos encontramos estamos aproximándonos, Dios no lo quiera, a nuestros vecinos venezolanos.
Con quien quiera que tengamos una conversación, salimos más enredados de lo que estábamos, pues hasta los mismos congresistas son quienes más dan vueltas, y no se dedican a su función de legisladores, sino que andan politiqueando y dando vueltas sin saber dónde poner el huevo.
Son muy pocos los miembros de la clase política que saben qué diablos está haciendo el gobierno, sobre todo en lo que a las conversaciones de paz se refiere. El señor Santos, fuera de repartir mermelada a diestra y siniestra, es poco lo que ha hecho por presentar un verdadero plan de trabajo frente a los bandoleros, y no sabemos siquiera las fechas acordadas para el desarme total, y seguimos sometidos a las amenazas veladas y frenteras de los guerrilleros.
Oír a Timochenko y sus secuaces jurando que las Farc no tienen ni un solo secuestrado, produce una incredulidad que se acrecienta cuando organizaciones serias de víctimas dan a conocer cifras escalofriantes de campesinos y niños desaparecidos.
Con la forma como el gobierno sigue cediendo, no se sabe la verdad de lo que está pasando, y este suplicio del secuestro será el más difícil de solucionar.
Un ejemplo patético es la negativa del Eln de entregar al ciudadano Odín Sánchez. Se han esgrimido decenas de disculpas para no dejarlo libre, al punto que nos tienen pensando que lo asesinaron hace tiempo. Si así contestan al gobierno ante la advertencia de que no iniciará ningún arreglo de paz hasta que liberen a los secuestrados, ¿qué se podrá esperar cuando llegue el momento de entregar las armas, pedir perdón sincero a las víctimas o ponerse a trabajar honradamente y dejar de secuestrar y asesinar?
Todo se complica. Agarrones entre miembros de los mismos partidos, barbaridades contra los menores de edad, inoperancia de la justicia, el uso de hackers para espiar contendores, sumado a las listas de políticos muertos de ganas de ser presidentes, hacen ver muy lejos las soluciones. Y como si todo fuera poco, otra vez el demente de Maduro dando zarpazos contra nuestro país, a sabiendas que puede hacer lo que le venga en gana sin que haya reacción, aunque fuera por honor.
Ojalá el Nobel de Santos no se convierta en un circo lleno de decepciones.
P.D.: Si los idiotas fueran gobierno, el mundo sería mucho menos idiota que ahora que está en poder de los inteligentes.
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