Jaime Alzate


Estamos en una terrible incertidumbre, como no la veíamos desde los tiempos cuando la mafia se apoderó del gobierno, encabezado por el jefe de Estado, el detestable señor Samper.
Logramos salir de esa encrucijada con base en patriotismo y valentía, porque los enemigos eran las organizaciones más tenebrosas del mundo entero, además enfrentados a un gobierno no solo corrupto, sino con amistades peligrosas. Sin embargo, a pesar de la situación tan dramática, como no la tenía ningún país civilizado, no nos fue posible cambiar a un gobierno mafioso que se aferró al "aquí estoy y aquí me quedo", atornillándose en el poder de una manera desvergonzada, y, lo que es peor, continuando con el algunos de sus representantes en muchos de los más importantes cargos del gobierno, tanto en el interior como internacionales.
Dando un salto al presente, nos sorprendió la última encuesta de Caracol y sus aliados con la opinión de los colombianos sobre el señor Santos y su equipo de gobierno.
Recordemos que el señor Arizmendi, director de esa cadena radial, es uno de los más radicales servidores de esta administración, lo que hace que la publicación de los resultados en este medio les dé un más serio cariz de veracidad.
Dice esa encuesta que desde hace 30 años no hay un presidente con unos índices de favorabilidad tan bajos. Cómo será la cosa, que hasta los funcionarios del gobierno que más ejecutan obras, como el vicepresidente Vargas Lleras, que deberían haber salvado en algo los fracasos, se han visto arrastrados por el cataclismo, hasta llegar a límites que producen gran temor.
Lo más grave es que no está claro si esos resultados se deben a los diálogos de paz, decisión tomada sin bases firmes y sin estudios a fondo de la mentalidad de los bandoleros que durante más de medio siglo han tenido como únicas metas cometer actos criminales escabrosos, o tener el comercio monopólico de las drogas, cuyos efectos malignos no tenemos que repetir. Otra causal es que hay muy poca credibilidad en la sinceridad de los pandilleros al sentarse en una mesa de negociaciones, conociendo los vejámenes que han cometido.
La lista de motivaciones para justificar esa encuesta es innumerable, y como en el Sueño de las Escalinatas, la audiencia crece y crece.
Hoy tenemos el riesgo casi inminente de un apagón anunciado desde hace más de un año. ¿Quién tiene la culpa? No podemos decir que es solo el presidente, pero es claro que ha jugado sus cartas a un solo número, importante, cierto es, como ha sido la paz, dejando de lado muchos otros motivos que abandonó sin acordarse de su importancia para la economía.
Santos no ha realizado actos de gobierno para recuperar la confianza de los colombianos, que por ahora lo tienen en la más baja estima.
Y ahora llega el fallo de la Corte de La Haya, desastroso para Colombia, que se presagiaba por la politiquería y la ineficacia de nuestros negociadores.
¿Quién hubiera pensado que el analfabeta Daniel Ortega, flamante presidente de Nicaragua, nos resultara mejor internacionalista que nuestros petulantes negociadores del Country Club de Bogotá?
¿Cómo serían los resultados de favorabilidad de Santos si se hicieran nuevas encuestas hoy, después de esta tragedia?
Casi que deberíamos salir con los brasileros a pedir el cambio de gobierno.
P.D.: La verdad es que cuando se pasa de los setenta, son muy pocas las cosas que nos parecen pendejadas.
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