Jaime Alzate


Parece que el país y sus gobernantes se están basando en la letra del famoso bolero de Los Panchos para solucionar los problemas tan graves que estamos viviendo en las últimas épocas. El asunto del plebiscito se está volviendo un galimatías que se complica más y más. El oficialismo encabezado por el presidente Santos, como principal promotor de todo este enredo y respaldado por el cerebro maquinador de su hermano Enriquito, conocido por sus debilidades izquierdistas, y ahora con la dirección intelectual del expresidente Gaviria harán más interesantes los encontronazos en esta pelea, que ni los mismos protagonistas tienen una idea de dónde va a terminar.
El miércoles pasado fue el lanzamiento de la determinación del Centro Democrático de irse con el no tajante ante el plebiscito. Aunque esto se presumía que iba a suceder, no dejó de causar un fuerte impacto, creando una reacción fuerte entre los promotores del sí, al punto que podemos presagiar intensos enfrentamientos de los cuales ojalá no tengamos que lamentarnos.
La frase bandera de Uribe en su exposición fue: “Nos queda la opción de decir sí a la paz votando no al plebiscito”. El expresidente Gaviria, que tan a pecho se ha tomado la defensa de este gobierno, se lanzó con una velada amenaza, similar a la que había enarbolado Santos, expresando que de ganar el no tendríamos por lo menos 20 años más de guerra. Quedan pues establecidas las opiniones de cada grupo, y esperamos que la civilidad y la paz que tanto anhelamos comiencen por estos primeros cara a cara, demostrando que algo bueno nos queda de cincuenta años de guerra.
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Otro escándalo que nos atormenta, sin que sepamos a ciencia cierta cuál es su podrido fondo, es lo relacionado con el magistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt. En este asunto están involucrados varios ladrones de cuello blanco, y se acusa al mencionado prohombre de pedir una coima de quinientos millones para fallar en un sentido en un caso de tutela. Lo más escabroso es que otros jueces de esa Corte sabían lo que se estaba tramando y ninguno denunció semejante acto de concusión. José Obdulio Gaviria, el senador ponente de la comisión del Senado propuso, yo no sé por qué, que se anulara todo lo actuado, y su propuesta fue derrotada. Ahora el negocio pasará a manos del Senado en pleno, que acusará o archivará el caso de Pretelt. Como lego en la materia, y comentando solo con sentido común, uno se queda aterrado de ver que después de tanto tiempo y con los conceptos de tantos abogados sabios en la materia, no hayan podido los responsables de ejercer justicia en este país llegar a una decisión. Esto es la demostración palpable de lo que opinamos la gran mayoría de colombianos sobre la crisis que está atravesando una justicia, que cuenta con magistrados que se venden por quinientos millones de pesos. Mayor prueba de deshonestidad es difícil de encontrar.
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Para no alargarme mucho, y pensando en nuestro departamento, considero inexplicables varias cosas:
1- Cómo puede ser posible que con movimientos politiqueros haya sido suspendido dos veces un gobernador en quien teníamos puesta toda la confianza por la labor que estaba ejecutando.
2- Increíble que pasados dos meses, todavía permanezcamos sin un gobernante en propiedad, en una interinidad que solo le causa desastres al departamento.
P.D.: Les tengo mucho miedo a los pendejos, porque son muchos y pueden llegar a elegir un presidente.
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