Hernán Penagos


Cumplido el proceso electoral del pasado domingo, se evidencia de manera precisa que la mayoría de los colombianos apoyan los Diálogos de Paz. El resultado no es otra cosa que un mandato claro para avanzar en la solución pacífica del conflicto colombiano. Los diálogos exploratorios con el Ejército de Liberación Nacional son un paso contundente, a fin de no dejar cabos sueltos y darle solución de fondo a la confrontación armada.
Es absolutamente errado hablar de paz con impunidad cuando, frente al tema, no se ha acordado nada. Recordemos que cualquier acuerdo con la guerrilla de las Farc, será sometido a refrendación popular y serán en últimas los colombianos quienes tomen la decisión al respecto. Los mecanismos de justicia transicional no son inventos tropicales, sino que se trata de herramientas del derecho internacional aprobadas con el fin de buscar la solución pacífica de los conflictos internos de las naciones.
La vinculación de las víctimas en los diálogos de La Habana, así como el reconocimiento que las Farc les otorgue a cada una de ellas, es un paso efectivo en la búsqueda de verdad, justicia y reparación. Todo ello tendrá efectos positivos, en la medida en que involucremos el perdón como parte integral de este proceso. A la fecha, se cuentan en más de 6 millones los compatriotas catalogados como víctimas que siguen esperando mayor reconocimiento de sus compatriotas. Es evidente que el tropiezo más grande para lograr una paz estable y duradera, es la imposibilidad que tenemos para perdonar a quienes han desangrado tan ferozmente el país. El reclamo de la pena implacable se parece mucho a nuestra convicción católica de penitencia, que subjetivamente exige castigo frente a las faltas.
Ya pasadas las elecciones, la invitación es a quienes no están de acuerdo con el proceso de paz, para que estudien con juicio lo acordado, evalúen los fundamentos de los acuerdos de paz suscritos en diferentes países y desde esa óptica opinen de manera tranquila y desprevenida. Las nuevas realidades políticas del país exigen unificar criterios en torno a este anhelo, esperando que aquellos miembros de la oposición actúen de manera reflexiva y propositiva frente a las iniciativas y debates que se van a adelantar en el Congreso.
Sin duda, la paz se constituyó en el elemento diferenciador por el cual los colombianos tomaron una decisión el pasado domingo, y sobre esa base deberá edificarse toda la política pública del próximo Gobierno. Por ahora practiquemos esa frase que periódicamente le dirigimos al señor: "…perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…".
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