Hernán Penagos


"Saldar la deuda histórica con el campo", es el título con que se presenta el documento de la misión agraria que ordenó el Gobierno Nacional a fin de formular una política pública en el sector.
En dicho documento se evidencia la importancia del campo en el desarrollo histórico del país, pero al mismo tiempo su atraso económico y social. Hecho preocupante si partimos de las estadísticas según las cuales el 60% de los municipios del país se consideran rurales, lo que equivale a cerca del 30% de la población colombiana. La pobreza extrema y multidimensional es muy superior en estas zonas, advirtiendo un alto rezago en vivienda, educación, agua potable y saneamiento básico, oportunidades laborales, etc.
Según la misión el comportamiento del sector agropecuario en el último cuarto de siglo ha sido uno de los más decepcionantes de América Latina y su participación en el PIB se ha reducido en una cuarta parte de lo que pesaba a finales de los años 70. El deterioro presupuestal viene siendo constante desde 1998 hasta el año 2012 cuando la inversión agropecuaria se vino al alza traducida especialmente por la política de subsidios. Para 2015 se mantiene un presupuesto en aumento.
Los investigadores resaltan la inclusión productiva como estrategia relevante en la formulación de una política pública de largo plazo. El fortalecimiento de la asociatividad, un mecanismo de compras publicas tanto regionales como nacionales por parte de entidades como ICBF, el ejército, el sistema escolar, etc., la formalización rural, y facilidades en el acceso al crédito para los pequeños productores, son algunas de las alternativas que permitirían reivindicar el sector. Del mismo modo se evidencia la necesaria diversificación agraria, y el urgente fortalecimiento de la asistencia técnica que sin duda es absolutamente precaria en el País.
Es evidente que el tema agrario debe constituirse en punto principal de la agenda nacional. La visión del campo debe partir de una perspectiva mucho más profunda. Entender de una vez por todas que este es un país de regiones altamente heterogéneas, o seguir formulando políticas centralistas como viene ocurriendo desde hace varias décadas muy a pesar de una carta política que aboga por todo lo contrario. Todo parte de una concepción de estado pensada desde lo local, que fortalezca la autonomía territorial y la descentralización administrativa.
La investigación y la transferencia tecnológica deben llegar hasta los rincones más apartados de la geografía nacional. Los doctores que investigan desde sus laboratorios tendrán que ponerse las botas para visitar y acompañar a nuestros campesinos, por pequeños que sean.
La tarea no es fácil, es innegable que atender la población dispersa presenta mayores dificultades para los gobiernos y mucho más en un país con un conflicto armado tan profundo como el nuestro. Sin embargo, llego la hora del campo y esa debe ser una tarea Nacional y un propósito de todos, siendo solidarios con quienes se han llevado la parte más dolorosa de nuestra triste historia.
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