Luis Prieto


La situación colombiana en su aspecto social y económico tiende a constreñir poco a poco las finanzas de las gentes colombianas. Es apenas lógico como consecuencia de la pérdida en los casi 20 mil millones de dólares por la caída de los precios del petróleo. Esto es conocido en todo el ámbito nacional. Un derrumbe de los empleos algo que nadie ni siquiera quisiera imaginar, es el problema más grave que Colombia podría tener. Los empleos en el mundo son cuidados con esmero y alcanzan el primer lugar en el desarrollo natural de los países.
Por ejemplo, en los Estados Unidos, la economía más grande del mundo, la Reserva Federal, es decir su Banco de la República, tiene por constitución y como compromiso primordial el de mantener los empleos. Es la estadística más significativa cuando se analizan los mercados y naturalmente es lo más importante en la vida diaria de los hogares.
Hasta ahora, los últimos datos del DANE no reflejan una cifra inquietante en relación con el empleo. Los analistas están a la expectativa de esta información, sin embargo algo puede predecirse con la disminución de las utilidades empresariales que está dando a conocer la Superintendencia Financiera. Se lee que los impuestos más altos de América Latina han dado lugar a pérdidas de 2,7 billones de pesos en el primer trimestre del año, según se reveló en un reciente foro del periódico la República. Esto de los impuestos se combina demoníacamente con los golpes producidos por la baja en la renta petrolera y constituye una amenaza muy fuerte para el mantenimiento de los empleos.
Estamos al borde de una nueva reforma tributaria y hay una gran expectativa, especialmente de empresarios y empleados. La anterior, prácticamente fue mortal, tanto que de vez en cuando el presidente Santos también en sus intervenciones ha reconocido. Ha dicho que la próxima reforma tendrá que rebajar sustancialmente este alto castigo a la producción. Hay que sumarle a todo esto algo muy grave, y se refiere a las empresas que se han expatriado por cuenta de esta situación tributaria.
Colombia tiene que hacer esfuerzos muy grandes para reparar el daño maligno petrolero. La opción que se menciona es la exportación de nuevos productos y en cuantía considerable. Se repite con razón que la industria y la agricultura son los sectores que debían salir a hacerle frente a esta peligrosa situación que apenas empieza a sentirse en Colombia. Esto es verdad, pero hasta el momento no ha habido movimientos importantes, ni por el gobierno ni por los empresarios, para impulsar con urgencia estas producciones. Ambas requieren inversiones de consideración. La industria que se abandonó por espacio de diez y seis años necesita una revisión de su parte industrial que debe estar muy lejos de una capacidad para producir competitivamente y llegar a los mercados internacionales.
Seguramente este parque industrial va a mostrar sus deficiencias y antigüedad. Es necesario repetir lo que hizo el doctor Carlos Lleras en su momento y en condiciones parecidas, de contratar un empréstito con el Banco Mundial a largo plazo, 15 o 20 años, intereses bajos para trasladárselo a los industriales en esas condiciones, con créditos que cada uno llevaba un compromiso de exportación. Esto es repetido porque fue un acierto de grandes proporciones y este columnista fue beneficiario.
La agricultura es mencionada como el gran adalid que sacará la cara por Colombia. Los optimistas dicen que Colombia tiene tierras excelentes con capacidad de producir una variedad grande de comida, para constituirse como uno de los grandes en el mercado internacional. Realmente esto debe ser así, pero no son tantas las tierras con esta aptitud, las que realmente existen y que se pueden trabajar para alcanzar una producción competitiva están identificadas en las partes planas del país, por ejemplo los Llanos Orientales que pueden ser una esperanza.
Afortunadamente el país cuenta con el café, industria invaluable, que además de producir granos para la exportación tiene grandes virtudes de tipo social. Su existencia arraiga a sus tierras a las personas y familias vinculadas a su producción. Los cafeteros y otros productos que puedan vincularse a la exportación, algo que es muy factible, son los grandes ganadores en este mar proceloso. Los departamentos cafeteros deben estar muy contentos porque la exportación de café pagada en dólares y hoy a buen precio, les da un mejor nivel de vida y de tranquilidad. Sin embargo, necesita ajustes para lograr aumentar su producción por hectárea, hoy la más baja entre los países grandes productores.
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