Luis Prieto


Retener el empleo que actualmente se disfruta y la angustia de perderlo, atormenta a todos los trabajadores colombianos. El indeciso momento actual de la economía nacional así lo exige.
Se es consciente que a la vista, a Colombia la espera una crisis que afectará a sus habitantes en grados diferentes, pero severos en general. Las gentes ignoran su profundidad y el momento de su llegada. El ministro de Hacienda en sus permanentes presentaciones dice que el año 2015 lo tiene financiado y según sus manifestaciones la preocupación de los colombianos se debe trasladar al 2016 en adelante.
A renglón seguido, sin advertencia alguna, incluyó artículos y cuasimicos en la ley del Plan de Desarrollo, presentado para su aprobación del Congreso. Esto puede significar otra reforma tributaria que sumada a la reciente, apenas en digestión, reforzará las consecuencias devastadoras ya iniciadas. Esta acumulación tributaria aumentará la evasión, generará quiebras empresariales, impulsará la migración productiva hacia otros países, especialmente vecinos, que la recibirán con los brazos abiertos. Lo más grave, producirá el desempleo masivo, el temido desempleo que conducirá al país a una crisis imparable. Será el crujir de dientes.
Al haberle pillado esta guaca entre artículos y micos al inicio de la discusión del Plan de Desarrollo, el ministro se apresuró a decir que esta no es otra malévola reforma, como la anterior, sino una reforma social, porque según dio a entender o confirmar, este es un gobierno socialista.
Las personas que persiguen las noticias diarias y que gozan de un trabajo cualquiera que sea, tiemblan porque son conocedoras que una baja de más de 50% en el precio del petróleo, alma de la economía nacional, es de tal gravedad que pone en remojo sus puestos de trabajo. En el momento no tienen claridad del terreno que están pisando.
A pesar de las delirantes manifestaciones gubernamentales para celebrar la información del DANE publicada recientemente, donde les dice a los colombianos que el desempleo bajó en el mes a 8,9%, algo no visto en la reciente historia de la nación. Esto que merece un aplauso, es solo un consuelo a medias, si uno compara esta cifra con la de los países de la región. México con 4 y pico, Panamá 4,8, Paraguay 5,5, Brasil 5,5, Chile 6,1, Perú 6,0. El resto regional con tasas más bajas que las de Colombia.
La verdad es que se tiene una tasa de desempleo peligrosamente alta. El empleo es para un país lo máximo. Produce demanda, desarrollo, crecimiento, equidad, tranquilidad, paz. Los países más avanzados lo tienen en primera línea de sus programas. La Federal Reserve, el Banco Central de los Estados Unidos, tiene el empleo como la primera condición de sus obligaciones. No es así en Colombia.
Debiera serlo, más en el denso ambiente económico en cuyo umbral estamos. Es de suponer que el gobierno colombiano anda en esas. Los sectores de alto empleo seguramente están siendo colocados en la vanguardia de la política económica del país. La construcción, la industria manufacturera, las obras públicas, la infraestructura, el agro merecen toda la ayuda gubernamental, para asegurar la actividad permanente en el empleo y en las exportaciones.
El tema de las exportaciones tiene que ser obsesión nacional. Allí la actividad privada tiene un campo de acción de la mayor importancia nacional. Envuelve a grandes productores y con igual énfasis a los pequeños. Se habla mucho en estas esferas del campo agrícola como la gran opción. Seguramente, pero hay que depurarlo aceptando que este sector está técnicamente atrasado.
El área útil arable y competible no es mucha. Es importante que en La Habana no haya compromisos que atenten contra la gran inversión, porque el suelo colombiano no tiene la fertilidad que se supone. Antes de sembrar es necesario adaptarlo con gran costo para una agricultura competitiva. El agro es costoso. Para producir exportaciones se requieren grandes inversiones individuales y un gobierno convencido a su retaguardia.
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