Luis Prieto


El locuaz ministro de Hacienda no cabe en la felicidad que lo embarga con la sorpresiva noticia del DANE, un crecimiento inesperado de 4,6% de la economía nacional. Crecieron todos los estamentos que comprenden el desarrollo de la actividad productora del país.
Crecieron entre los muchos, la construcción 17,2%, impuestos sobre la producción e importaciones 57,7%, explotación de minas y canteras 5,6%, agro 6,2% industria 3,3%, café 14,9%.
A pesar de la sorpresa, algunos crecimientos eran predecibles. La puesta en marcha de los programas de infraestructura correspondientes a las vías de cuarta generación, 4G, despertó un movimiento de recursos financieros en cuantía apreciable, en dinero contante y sonante.
Igualmente era esperado el repunte cafetero. Desde años atrás el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros había anunciado el reemplazo de miles de cafetos viejos e improductivos, por nuevos correspondientes a una variedad estudiada por años, que garantiza un aumento de la producción por hectárea y resistencia sólida, contra las plagas tradicionales. Hoy ya en el mercado internacional, compitiendo con éxito, representa un avance de competitividad bien importante que deja rezagada al resto de la agricultura, que sigue dormida en su condición arcaica, amenazada en sus cuatro costados por sus congéneres vecinos, ya depurados por la tecnología, que le compiten sin barreras y que la congelan en el rincón de los subsidiados.
El otro hecho sobresaliente ha sido el consumo. Bajo el manto de intereses adecuados los bienes ofrecidos, nacionales e importados, fueron demandados con facilidad por los colombianos.
El consumo es calificado internacionalmente como el componente más importante del PIB. Por ejemplo, es el que ha promovido con más vigor la demanda de habitaciones, algo importante para el bienestar de la sociedad.
Es bueno anotar que este crecido consumo no afectó los créditos bancarios, los cuales mantienen una normalidad, particularmente los de cartera vencida. Esto significa que los colombianos prefieren pagar de contado porque hay menos desempleo, más dinero circulante, todo concordante con el crecimiento económico.
Pero hay nubes en el brillante firmamento. Primero, Colombia está en los linderos de una enfermedad holandesa. El petróleo es la columna vertebral del país. Constituye más o menos el 70 o 75 del valor de las exportaciones nacionales y con ingreso de unos US$ 32.000 anuales fortalece las cifras fiscales del gobierno, hoy en un rojo creciendo peligrosamente.
La vida del petróleo colombiano, vital para la vida de los colombianos, peligra. El comprador, los Estados Unidos, ha descubierto un mar de petróleo y de gas que lo convierte de hoy importador, en el mayor exportador del mundo. Ya ha empezado a reducir compras petroleras a nuestro país. Es lógico pensar, que por lo menos se viene una baja en el precio internacional de este nuestro casi exclusivo producto de exportación, sin que se tenga a la vista un substituto.
Igualmente Ecopetrol no ha podido hacer reservas, porque no ha encontrado un yacimiento de dimensiones y con lo que tiene, lo demanda el gobierno, raspando, la olla, para nutrir su presupuesto. Para completar, la guerrilla hace de las suyas cada semana ayudando a diezmar su precaria producción.
Las finanzas públicas, como se dijo antes, están en rojo con necesidades considerables y urgentes. Es el caso de lo requerido para el financiamiento de las vías doble calzada, G4 ya en marcha, algo que no es de poco monto.
Gastos que se vienen, educación $12 billones, salud $18,24 billones, post conflicto sin evaluar, varios billones para subsidios prometidos a los que hicieron los paros.
Para afrontar tan impresionante situación, seguramente el cuatro por mil subsistirá indefinidamente, lo mismo que el actual impuesto al patrimonio. Se anuncia una reforma tributaria más fuerte para atender lo grandes compromisos.
Pero más allá de la costosa tributación que se tiene actualmente, es estimular la evasión tan perseguida y la emigración industrial que ya desde años se está expandiendo en el exterior como Argos, Corona y varios bancos. Se debe mencionar las que han cerrado recientemente, Bayer, Kraft, Monómeros, Michelin, Mazda, entre otros.
No se puede terminar sin hacer mención de que la cuenta corriente externa es deficitaria en US$ 12.700 millones, hasta ahora financiada con la gran inversión extranjera directa, cuyo flujo disminuye en forma preocupante. Cae 6,6% en solo el primer trimestre del año.
Otro déficit complicado es el de comercio exterior, importaciones superando las exportaciones 9,5%, creciendo rápidamente, US$ 1.496 millones durante 2014 porque no tenemos productos suficientes para equilibrarlo.
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