Luis Prieto


Predecir cómo será el año 2017 en un país como Colombia, de una vida tan movida no es fácil. Se puede decir que el año 2016 no fue tan malo como muchos predecían y arriesgar algunos comentarios sobre dos hechos sobresalientes que alertan a los ciudadanos.
Son ellos, cómo se ve el proceso de paz y de otra parte la confusión producida por las varias reformas tributarias que con sus vaivenes han maltratado la vida de los ciudadanos.
Las mayorías nacionales demostraron en las urnas que no están de acuerdo con la manera generosa y entreguista, de muchos de los acuerdos firmados por el gobierno y el jefe de las Farc, como tampoco con su refrendación e implementación aprobados, según ellas, a pupitrazo por el Congreso, aprovechando la mayoría partidista y desafiando posteriores acciones jurídicas.
Este proceso de la negociación escogido por el presidente ha sido lento y oneroso. Cuatro años en La Habana por cuenta del erario público, con viajes aéreos, licores y yates a la voluntad guerrillera, con toda la comodidad moderna, más lo concerniente de la representación oficial así fuera más modesta. Todo esto unido debe haber tenido un gran costo a cargo de las gentes colombianas, además lo que está costando la adecuación de los campamentos de las zonas de concentración, al visto bueno guerrillero, más alimentación, vestuario y sueldo mensual indefinido, para más de 8.000 bandoleros arrepentidos y otros tantos milicianos. ¿Cuántos huecos fiscales a cargo del inepto vulgo?
Pero la paz no puede referirse solo a las Farc. La paz es en realidad, hasta ahora, un pacto de no agresión del gobierno con sediciosos de las Farc.
Digamos con una cierta mayoría, porque varios de esa organización guerrillera en grupo o en forma individual han desertado.
El Eln, otra organización delincuente que se las da intelectual, hasta ahora ha estado embolatando al gobierno para iniciar un proceso de paz. Nadie sabe cuánto durará este nuevo esfuerzo político y económico del pueblo colombiano.
Además, las Bacrim están vivas y coleando. Remplazan cómodamente a las Farc en los sitios que estos tienen que desocupar. Para no hablar de una serie de bandas, hoy pequeñas pero in crescendo.
El gobierno abre puertas para entrar al ruedo del 2017 con una opresiva reforma tributaria que atormentará como nunca, a toda la población colombiana a medida que la va conociendo. No queda títere con cabeza, pero apuntando con más precisión a la clase media obligándola a una reversa. El país había logrado un milagro con la clase media conquistada en los últimos años, con grandes esfuerzos, el daño es serio.
Imperdonable que un acto legislativo como una reforma tributaria aprobada a la carrera y sin mayor debate, implique una reversa de la clase media. Un tesoro que hoy luce como paladín de la democracia y estabilidad de la nación. Un tesoro que todo el mundo ansía.
Y también igualmente grave o más, la congelación de la inversión empresarial, cuyas expansiones buscarán otros lares, como ciertos países vecinos que los recibirán con inmenso cariño, porque a su vez son grandes proveedores de empleos.
Todo esto fruto de una ley tributaria confiscatoria aprobada a pupitrazo limpio por el mermelado parlamento colombiano. Hasta la víspera de este atropello tributario, Colombia acariciaba síntomas de una mejoría económica en el año 2017.
Por ejemplo, la alta inflación empezaba a bajar y con ella los intereses del Banco de la República.
Otro aspecto de gran preocupación ha sido el gran déficit comercial internacional que llegó a ser de unos US$19.000 millones de dólares, hoy ostensiblemente ha bajado a unos US$5.000 millones de dólares y sigue bajando, apoyo para la estabilidad de las finanzas nacionales.
Los informes conocidos de las empresas muestran unas excelentes utilidades y, quién creyera, el petróleo se ha recuperado a niveles de U$50 o U$55 dólares el barril. El café tiene una gran producción y unos buenos precios, creando bienestar en toda la región cafetera.
Y hablando de productos agrícolas, es deber mencionar otro avance que consiste en incorporar un millón de hectáreas a las pocas siembras que nos han acompañado toda la vida. El programa ya cuenta con ciento ochenta y cinco mil hectáreas nuevas en producción. Punteros en esta maratón del crecimiento agrícola, el arroz y los granos. Gran noticia, el país ha alcanzado la autosuficiencia en arroz y pronto será exportador.
Todas estas buenas noticias son información del señor ministro de Agricultura, que merece parabienes, lo mismo que el gobierno.
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