Pedro Felipe Hoyos Körbel


Concluye la Feria, pero siguen las críticas a su realización, donde muchos solo quieren atacar políticamente la Administración que la ejecutó, y ya se puede iniciar un análisis más a fondo de este trascendental evento manizaleño.
La primera conclusión es que la Feria es un momento fenomenal y nos debe llenar de orgullo pertenecer a una sociedad que hace una fiesta de ese tamaño e implicación. Nadie en nuestro vecindario tiene la fuerza para hacer algo similar; si el Quindío se jacta de sus fincas cafeteras, Manizales hace casi 50 diseñó un tipo de fiesta que hizo escuela en Latinoamérica, moviendo miles de turistas mucho antes que ellos promovieran la partición de Caldas. Poco me importa que haya sido declarada patrimonio cultural, ella es grande de por sí, y me baso en la afluencia de gente que asiste y que retorna satisfecha a sus lugares de origen.
Tiene la Feria un componente de mucho impacto que es el Reinado Internacional del Café, el evento que más manizaleños congrega. Si se comparan las cifras de los espectadores de los desfiles con los visitantes de otros eventos como procesiones de Semana Santa, conciertos, arribos de políticos, marchas políticas o el fútbol, las reinas montadas en carrozas no tienen rival. Me es difícil comprender qué vemos en estas mujeres, qué simbología profunda aflora, pero las caras de asombro y satisfacción dentro del público que he visto son documentación suficiente.
Visionarios como Óscar Hoyos, José María Gómez y Mario Vélez y su equipo idearon este evento prefiriendo una orientación sevillana y lograron un inmenso impacto en la ciudad. Manizales era capital de un gran territorio; tenía una sólida representación en los gabinetes ministeriales; ponía el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, y a pesar de dictaduras y violencia estatuyó un despliegue de festividad que la colocó en un lugar muy espacial dentro del país. Se podría decir que la Feria, así como la Catedral, son sobrevientas de otra época y son símbolos de la pujanza de nuestra ciudad, la que tal vez hoy en día no tiene la suficiente autoestima para crear este tipo de obras.
Los primeros alcaldes lograron posicionar una Feria acorde a una época y unos gustos. Dentro de los que han continuado con esa labor ha habido varios que no han aportado nada diferente que a continuar lo que han recibido y eso amenaza a la Feria, porque a ella hay que remozarla, es ella expresión de un momento social muy específico que viven los habitantes que la realizan.
Cuando se estableció la Feria el Nevado del Ruiz era un destino deportivo, asunto que por la falta de oxígeno a esa altura nunca tuvo acogida, pero que continúa siendo un atractivo paisajístico y ecológico. El Ruiz le debe a la Feria su popularidad.
Este reinado igualmente ostenta un nombre que parece anacrónico. ¿Es necesario redefinirlo, ya que el café ya no es lo que fue hace 50 años? ¿Nos corresponde promover el café sin que los nuevos cafeteros como el Cauca o el Huila se vinculen económicamente a este esfuerzo? ¿Será hora que Manizales se centre en lo propio y se dedique a promocionar su aviturismo y su Centro Histórico?
El alcalde Octavio Cardona introdujo una variante muy interesante cuando llevó a las reinas a una vereda, la Cuchilla del Salado, o Pueblito Manizaleño como ellos lo llaman. El experimento fue un éxito. El alcalde cumplió no solo su promesa, sino que dio un paso gigante. Es importante resignificar nuestra gran Feria. Puso en contacto a las reinas con el café, el Paisaje Cultural Cafetero, nuestra comida vernácula, la arquitectura del bahareque, y seguramente mejor de que como se pretendió hacer en Liofilizado en Chinchiná.
La Feria es el gran momento de promocionar, de hacer visibles características y productos de la ciudad. La inversión que se hace con dineros públicos es bastante importante para no prestarle toda la atención a la Feria y como impacta la imagen de la ciudad. Se me dijo que ningún alcalde se atrevía a introducir cambios ya que los hábitos eran difíciles de romper y que había unos negocios que no podían enfocarse de otra manera. Sin embargo, estoy convencido que Manizales debe empezar a preparar el diseño de una Feria acorde con el siglo XXI y expandir su radio de acción, sin perder su esencia.
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