Pedro Felipe Hoyos Körbel


El planeta tierra sufre un deterioro inmenso cada día; las emisiones de CO2; la deforestación; la contaminación del agua; las basuras y muchas amenazas más hacen que el ser humano deba plantearse políticas que le aseguren un futuro sano a su especie.
En Manizales solo percibimos un vago reflejo de esta situación, podríamos creer que no hacemos parte de ella, que vivimos en una burbuja. ¿Hay conciencia ambiental en Manizales? Porque esta problemática tiene como primera solución la conciencia del problema que empuja a la gente a obrar.
Los críticos rechazarán lo que expongo señalando la creación de la Secretaría del Medioambiente como logro. Y es cierto. El municipio de Manizales tiene toda una dependencia que gravita sobre el problema, pero pregunto ¿eso es todo? Diría que es la única secretaría del Medioambiente del mundo que además se encarga del espacio público, un tema ajeno, que solo embota el manejo del trascendental tema central. A esta secretaría se le da un enfoque como ente de control y no de promoción, ella, eso se ve en su presupuesto anual, no aspira a educar y mucho menos a dar directrices, seguramente controvertidas, referentes a las soluciones a los daños que le hacen la ciudad y sus habitantes a su entorno.
Brilla la Secretaría en la protección a los animales. Logró, no sé por iniciativa de quién, la erradicación de las carretillas haladas por animales. Me parece muy bien que hayan sacado del neolítico y hayan puesto a estos hombres en un mundo mecanizado, muy diferente a la tecnología de hace 15.000 años. Con los carro-motos estas familias tienen un mejor sustento porque el trabajo lo hacen máquinas. En vez de hacer un viaje repartiendo mercancías pueden hacer tres o cuatro y la distancia no es límite. Es muy necio decir que eso se hace por el beneficio de los caballos que ahora pueden pastar en vez de trabajar, oficio para el cual el hombre los domesticó. La desaparición de las carretillas fue un avance social y descongestionó la ciudad en lo que toca a la movilidad. El maltrato que sufrían estos animales por parte de sus dueños o conductores, florero de Llorente de este asunto, era un problema de policía y de control de las autoridades que no intervenían con rigor esa práctica de transporte. El problema era de falta de Estado que aplicase e hiciera respetar las leyes que él mismo produce, así como sucede, tristemente, casi en todo este país.
De vez en cuando veo recorrer la ciudad un camión nuevo cuyo oficio según el emblema que ostenta en su carpa es el rescate de animales. Celebro este otro logro. Una sociedad digna no debe tolerar y debe castigar el maltrato que se le infrinja a un animal, no tanto por el animal mismo sino por la dignidad humana, porque un ser humano que maltrata a un animal igualmente maltrata a otro hombre. En la mente humana, sede de nuestro comportamiento, no hay mayor diferenciación entre estas dos víctimas, prefiriendo yo proteger la humana sobre la animal.
Espero que Manizales crezca y estos animalistas, que han dejado huella en la cuidad, den el paso y se conviertan en medioambientalistas y doten a la ciudad de soluciones de más trascendencia, porque de poco le sirve a la especie humana que se cumplan ciertos códigos “animalistas” mientras que el planeta entero se descose por la no aplicación de frenos, y la poca cultura medioambiental de las comunidades. Recordemos que lo que constituyó la ciudad fue una Secretaría del Medioambiente y no una Secretaría de los Animalitos.
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