Pedro Felipe Hoyos Körbel


Fue una grata sorpresa ver anunciada la exposición de Cosme Jaramillo en la galería estelar de la Alianza Francesa de la ciudad. Cosme es un artista muy concentrado en su obra que prefiere mantenerse aislado del tedioso comercio del arte manizaleño. Referente al tema comercial le oí a Cosme citar una frase que se le atribuye a Picasso: "Pintor es aquel que pinta lo que se vende y artista es aquel que vende lo que pinta".
Los elaboradísimos lienzos de Cosme Jaramillo no dejan de impresionarme. El color, el tema y lo contemporáneo me dejan con una gran satisfacción. Al mirar una obra famosa, un Degas o un Van Gogh, soy capaz de sintetizar, por medio de la razón, las influencias históricas que la consolidaron. Al mirar un cuadro de Cosme no necesito recurrir a la razón para recrear la intención del artista, porque mi identificación es inmediata. Creo que si yo fuese pintor pintaría como Cosme.
Cosme es un pintor autóctono que tiene su mirada puesta en esta tierra que nos vio nacer, y no es propiamente un paisajista tradicional. Cosme asume una actitud ante la naturaleza y el paisaje que es idéntica a la mía. Él, muchos otros, y yo recorrimos en nuestra infancia, durante las vacaciones, las fincas familiares y después nos tocó trabajar en ellas, concientizando ese paisaje. Es maravilloso, ya en nuestros días maduros, poder volver a ver ese paisaje que nos es tan caro por lo familiar. Es importante destacar que Cosme interpreta ese paisaje, no nos presenta una simple réplica destacando una innecesaria fidelidad. Nuestra naturaleza la reencontramos en la obra de Cosme transforma, filtrada por su sensibilidad.
Los cafeteros caldenses tenemos una relación muy especial con nuestra tierra, sobre la cual, ciertas ambigüedades no dejan mayor sombra. A pesar que buscamos el lucro en las cosechas apelando a demasiados químicos para obtenerlo, y descendemos todos de descuajadores de montañas que convirtieron implacablemente a la selva e inmensos guaduales en cañaduzales, potreros o cafetales, nuestra felicidad está fincada en ella. La tierra y su cultivo producen, en el ser humano que lo hace, una actitud ecológica que no olvida el equilibrio que debe regir esa relación. Cosme no quiso nunca ser empresario agrícola, siempre se sintió más atraído por el abnegado campesinado. Cosme es optimista y solo busca la belleza, esa parte de la naturaleza que el ser humano se propuso captar cuando se dedicó al arte. Cosme no pintaría tormentas con oscuras nubes, ni nostálgicos paramos, él es alegre y busca la belleza y la armonía dándoles aparente razón a los nuevos teóricos del arte, al tildarlo de anticuado. ¿Cómo sería una instalación de Cosme? Cosme Jaramillo se confiesa impresionista, más de 100 años después de haber sido esta escuela pictórica remplazada rápidamente por otra. Para mí eso es tener personalidad y carácter. La obra de Cosme dista de ser rancia o retrógrada, todo lo contrario.
Cosme se apoya en el comic, ilustración emblemática del siglo XX, para la estructura de sus cuadros. A los fondos de un solo color en su obra micro apenas les faltan burbujas con diálogos para ser comics de verdad. Hay otro aspecto que afinca el quehacer plástico de Cosme en la actualidad: gozó Cosme de una educación como publicista tratando de convertirse en alguien que estimula, por medio de la imagen bien manejada, el consumo de ciertos productos. Gracias a Dios Cosme no quiere vender nada y está lejos de manipular a la gente y sus ilusiones, como lo hace la publicidad. Cosme quiere todo lo contrario, compartir belleza, y eso es todo. De anacrónico no se le puede tildar a alguien que está complemente embebido en lo que caracteriza nuestra época. Creo que juzgan a Cosme porque no sigue los lineamientos que el arte globalizado preestablece, cometiendo una necedad.
Hay un aspecto en la obra de Cosme que vale la pena tocar: no hay figura humana en ella, aspecto que no me parece grave. Él se defiende alegando que del hombre casi todo se trata, que él quiere darle importancia a la naturaleza, precisamente el entorno donde se desarrolla el ser humano. Creo que al dejar por fuera al hombre en su obra, Cosme logra precisamente ese momento de belleza el cual solo el hombre es capaz de recrear.
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