Pedro Felipe Hoyos Körbel


El 19 de diciembre se cumplen 75 años de la muerte de Tomás Carrasquilla, literato del cual han opinado expertos que Colombia perdió un Premio Nobel.
La obra del sastre y almacenista de mina, nacido en Santo Domingo en el año 1858, convirtió lo local antioqueño en global; supo este hombre ver y vivir su entorno que plasmó en una obra vigorosa y única. Clasificar a don Tomás como autor costumbrista es un desacierto que priva al que lo emite de la trascendencia cultural de la obra carrasquillana. El recorrido que hace Carrasquilla por la sociedad antioqueña de su época, marcando el alma de ese pueblo, transmite una vitalidad a sus novelas que pocos autores habían logrado hasta el momento. Los costumbristas típicos son literatos acomodados que describen usualmente otra clase social: la campesina, nunca la propia. Aquí radica la gran diferencia de don Tomás, él se atrevió “democráticamente” a hablar de su gente, de su sociedad. Lo auténtico de esa obra es entonces obvio y de gran impacto.
Recapitulando el entorno físico de los personajes de sus novelas, perfectamente uno los ve habitando esas casonas de tapia y bahareque en chusque con las paredes encaladas, de balcones, grandes corredores y techo de teja española. Describe Carrasquilla el alma de una cultura que entre otros logros pobló las tierras de los actuales departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, principalmente, y el lector atento descubrirá en esta obra el sustrato que permite darle fuerza a una historia cultural que puede reñir con la tradicional historia que escribimos de nuestra región, enfocándola solamente al aspecto material, o sea los conflictos de tierras, suponiendo marxistamente que lo económico marca complemente lo social y cultural, error que nos deja con la mitad de nuestro pasado en el tintero.
Carrasquilla pone las bases humanistas para entender a la Colonización antioqueña también como un fenómeno cultural que tiene exponentes específicos en la arquitectura, en la carpintería de un Eliseo Tangarife que se apartó en sus diseños de calados y tallas de la hoja del acanto europea y la reemplazó por la flor del fríjol criolla; la tiene en la poesía de Agripina Montes del Valle, mujer a la que el Departamento de Caldas en su centenario, que se termina este mes, no le rindió ni un homenaje ni hizo memoria, que mientras partían recuas de bueyes hacia el sur siguiendo el espinazo de la cordillera, sembrando un futuro económico, ella versificaba conquistando un mundo espiritual, no menos válido que el primero, y lo tiene en los versos de Gregorio Gutiérrez González, el otro gran poeta contemporáneo de la Colonización, protagonista de sus guerras civiles, que extrajo su obra de la vivencia en una mal llamada “zona de frontera” refiriéndose a las tierras de la Colonización antioqueña.
La idea regularmente concebida de que estas tierras que habitamos eran de frontera, sin ley ni dueño, es un enredo importado y mal adaptado por nuestros sociólogos e historiadores, que no ha permitido captar la esencia de nuestro pasado y cultura. Antioquia, la matriz de todo esto, simplemente trasladó, amplió su espacio vital hacia el sur, pasó toda su capacidad y logros civilizatorios a las nuevas poblaciones que por montones fueron surgiendo al sur de su núcleo tradicional y allende de sus fronteras de estado soberano.
Tomás Carrasquilla tiene mucho que ver con la esencia que se quiere captar con el concepto del Paisaje Cultural Cafetero, pero que no lo concibe porque no es ampliado a lo cultural limitándose, solo a la base del folclor. A ningún conocedor es nuevo que la cultura importante no es tenida en cuenta en esa declaratoria. Es comprensible este desequilibrio, porque la Federación Nacional de Cafeteros, aval y albacea de la declaratoria, es una institución de técnicos y no de humanistas, que no logra articular con suerte y convicción estos otros aspectos culturales. Situación que seguramente será remediada en un corto lapso de tiempo ya que es esencial la definición profunda del componente cultural, que en muchos casos se encuentra apenas en fase de inventario.
A Tomás Carrasquilla hay que disfrutarlo mas allá de las trabas que nos ponen los aberrantes límites administrativos llamados departamentos, y gozarlo como exponente de nuestra cultura que no tiene fronteras.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015