Pedro Felipe Hoyos Körbel


De nuevo estamos abocados a votar, a participar por medio de nuestros elegidos en el perfil de nuestra democracia. Ya las campañas, a pesar de los términos legales, van a toda marcha. Una eclosión de candidatos invade la conversación de una parte pequeña, pero muy activa, de nuestra sociedad.
Observar el ejercicio de la democracia en Manizales no es de los asuntos más satisfactorios que uno pueda hacer debido a la distancia que existe entre la realidad local y lo que prescribe la fórmula que en otras sociedades logra avances y grandes satisfacciones. La voz de la gente aparenta ser desoída de nuevo y las razones que podría aducir rebasan el marco de esta columna, mas tengo una serie de inquietudes que manifestar.
No cabe duda de que la abstención es magnífica, señal de la deteriorada fe que tiene la comunidad en los ministros de ese bello y comprometer rito que es la cosa pública. La misma desconfianza lleva a los unos a enajenar su voto sin reparo en las consecuencias y lleva a los otros a abstenerse de elegir. La imagen del político en el país nunca ha sido tan mala, creo que es la actividad más vilipendiada y a la vez más ambicionada por los colombianos. Existe alrededor de este fenómeno una incoherencia no resuelta, típica de una democracia frágil y disfuncional como la nuestra.
Para mí es llamativo que el tema de la paz para las elecciones de Presidencia fue definitivo por su trascendencia, y que a nivel local no tenga la más mínima importancia. Concluyo que la paz se hace en Bogotá y nada tiene que ver con nosotros acá en Manizales y en Caldas. ¿Me pregunto quiénes van a aplicar, a dar vida a los programas postconflicto en la región?
Causa desconcierto las intrincadas alianzas que se llevaron a cabo para esta contienda electoral. Para postular candidatos para la Alcaldía de Manizales ciertos enemigos se encontraron, mas esa misma amistad no fue tan clara porque para lanzar candidato a la Gobernación, ese entendimiento ya no tenía aplicación. ¿Con esas intrincadas componendas y frágiles acuerdos quién puede gobernar, finalmente, quién queda con el mando?
Sobresale que los programas de los candidatos son muy parecidos y se basan en la respetabilidad y trayectoria de cada uno de ellos. Son, a la larga, la continuidad de los planes de gobierno suspendidos o adelantados por los alcaldes anteriores. No hay un análisis de la ciudad y sus necesidades, por ende la innovación es nula y trasluce que se buscan soluciones para la ciudad basadas en el impacto de favorabilidad del candidato. No cabe duda, entonces, que la ciudad se mantendrá igual por los próximos años. Es sabido que una sociedad que no acepta desafíos, no es capaz de ponerse grandes metas.
Es curioso que todo el mundo sepa acerca de la injerencia de los contratos a llevar a cabo en las administraciones una vez electas dentro de las campañas, más nadie dice o hace algo, pero sí se habla abiertamente de maquinaria, de votos puestos en pública puja. Intuimos que la democracia en Manizales está enferma y no nos importa. Elaboramos mentalmente alguna idea fija que nos sirve de chivo expiatorio como el que todos los políticos son corruptos y no nos damos cuenta que, precisamente, los políticos dominan nuestras vidas.
Más ¿qué podemos hacer aquellos que aún creemos que lo cívico prima, que nos importa dejar un mundo más ordenado a nuestros hijos y que estamos convencidos de que el humanismo debe entrar de nuevo a los palacios de gobierno y cuerpos colegiados? Y cuando digo humanismo me refiero a la cultura y la educación que son las máximas expresiones de la preocupación del ser humano por el ser humano.
Creo que el tiempo de criticar desde la barrera, sentados en un teclado y un computador, se ha agotado. Debemos movernos y participar en la contienda sumando voluntades para elaborar un cambio que seguramente dará frutos en años venideros. Es tiempo de enriquecer el quehacer democrático de la ciudad con nuevas posiciones y mostrar que Manizales sí es capaz de sentir y de actuar democráticamente. Hacer saber al mundo que hay gente en esta ciudad lúcida y patriota, capaz de marcar la diferencia. Hay urgencia de dar pasos carentes de estrambóticas ambiciones y sentar un ejemplo, poder comprobar con satisfacción, que Manizales no tiene que seguir estancada. Es hora de actualizar a nuestra ciudad y dejar aflorar una nueva actitud que tenga como fin elaborar un nuevo derrotero cuyo único norte sea el bienestar de todos los manizaleños.
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