Pedro Felipe Hoyos Körbel


Manizales antes del último incendio en 1926 tenía cuatro iglesias de muy variados estilos. La Catedral, construida por el arquitecto Mariano Santamaría en 1888; la Iglesia de la Inmaculada Concepción, terminada en 1921; la del Sagrado Corazón de 1923 y la de San José del año 1920 (aprox.). De estos templos quedan en pie solo dos, han desaparecido la Catedral y el Templo de San José.
El templo del Sagrado Corazón o de los Agustinos es un bello ejemplo del Neo Gótico inglés, estilo que rivalizaba con el ecléctico de su época, a pesar de haber sido concebido medio siglo antes. Los ideólogos del Neo Gótico postulaban a la Edad Media como era dorada, en la cual Occidente elaboró un idioma propio en arquitectura. Idea muy precisa, que en cada país europeo adquiría una acepción diferente. El Neo Gótico fue la primera reacción ante la carencia de un estilo nuevo que abarcara a todo Occidente, como lo hizo por último el Neo Clásico. Para Europa era importante destacar su propio patrimonio cultural distanciándose del Neo Clásico que encumbraba los logros de Roma y Grecia.
Los hermanos Agustinos Recoletos llegaron a Manizales en 1901 y fueron la primera comunidad religiosa de importancia que se asentó en la ciudad, después llegaron otras como los jesuitas y los franciscanos. Es importante destacar que la Iglesia Católica en Antioquia y por ende durante la Colonización Antioqueña, se apoyaba primordialmente en el cura párroco ya que no había comunidades religiosas. En nuestra región tenemos muy pocos monasterios, que son reflejo de ese tipo de iglesia clerical. En cada pueblo caldense se puede destacar un cura párroco que desde el púlpito, el confesionario y la acción hacía más por estos pueblos nacientes que los mismos fundadores o alcaldes. El padre Barco en Salamina sería un contundente ejemplo. Ellos organizaban a la comunidad orientándola a construir vías, hospitales, escuelas y las mismas casas consistoriales. Ellos establecían, en la mayoría de los casos, la civilidad.
Los Agustinos en su labor misional trajeron impronta, su trabajo estaba orientado a la población más desvalida y es por eso que se ubicaron en el barrio Carrangal, uno de los más pobres de la futura capital de Caldas. Allí, siguiendo los planos del arquitecto Jorge Price, hijo del pintor de la comisión corográfica Henry Price, del cual nos queda una bella panorámica de Salamina del año 1851, se colocó la primera piedra el 21 de junio de 1914 y se bendijo el 11 de febrero de 1923. La construcción carecía de frontis, de torre y de coro, tenía bases en calicanto, estructura en madera forrada en lámina de hierro y techo en el mismo material. Hernán Giraldo en su Memorial de la Arquitectura Republicana recoge los nombres de los maestros de obra que intervinieron en esta edificación: don Pedro Posada y Clímaco Agudelo. Eran herederos de técnicas constructivas que fueron adaptándose a nuevas necesidades, pero que se basaban en conceptos ancestrales. El manejo de la tapia, del calicanto, del bahareque, la madera y la teja era traspasado por medio del trabajo de generación en generación. Ellos, seguramente sin saber desde cuando, transmitían técnicas constructivas indígenas, como lo es el uso de la guadua y sus derivados y de los bejucos para amarrar las estructuras. Durante la Colonia el uso del hierro era algo suntuario por lo costoso, ya que su transporte desde Vizcaya hasta el interior de la Nueva Granada muy pocos podían costear, así que el uso de clavos y puntillas se obviaba empleando el bejuco para unir partes.
La torre faltante se colocó en 1929 y fue la primera hecha en concreto reforzado en la ciudad y realizada por el ingeniero italiano Livio S. Chiavinat. Con esta intervención se empezó a darle el aspecto Neo Gótico a esta iglesia que pocos años después implicó el cambio del techo y la hechura de las terrazas almenadas.
El interior amplio de esta iglesia sobresale por el bello trabajo en madera de los altares ya que esta iglesia, a diferencia de las otras ubicadas en el Centro Histórico, posee altares laterales.
Esta iglesia y su compañera del Parque Caldas son testigos de una Manizales, no solo quemada, sino muy lejana en la historia que nos hablan de ese entrañable pueblo de 35.000 habitantes que se codeaba en muchos aspectos con las grandes urbes del país. Se puede concluir después de asimilar los factores más destacados que intervienen en el proceso de construcción que en la apariencia material de cada edificio está sintetizado un anhelo y una necesidad de los antiguos habitantes de la ciudad.
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