Pedro Felipe Hoyos Körbel


El 2 de septiembre de este año murió en su taller en las afueras de Filandia, Memo Vélez, uno de los más cateterizados exponentes del arte plástico de la región.
Como pintor expresionista, esos que condensan sus sentimientos y vivencias sobre el lienzo, creando una realidad anexa al mundo palpable, no adquiriendo compromisos con la apariencia física, Memo podía reflejar su interior así como interpretar la realidad. Era una ventana que permite el flujo entre un afuera y un adentro. No tenía que haber estudiado sicología para sensibilizar su mirada y comprender las deformaciones del ser humano que él plasmaba en las caras humanas con sendos ojos o múltiples narices. El artista puede ante el mundo optar por refugiarse en la belleza pura como lo planteaban los prerrafaelistas que ante la sociedad de la revolución industrial inglesa, encauzaron su mirada hacia ideales provenientes de los inicios del Renacimiento. Memo no, él ubicó su impresión del hombre matriculándose en la escuela de lo grotesco, siendo su ídolo el pintor alemán Lovis Corinth.
Refleja Vélez en su obra la especial condición del retrato en la pintura moderna. La fotografía, que capta instantáneamente la apariencia física del hombre, no es la verdadera competencia ya que el punto de vista expresionista o impresionista la rebasa. El nuevo retrato del ser humano que surge con la pintura moderna tiene grandes expositores en Van Gogh o el mismo Gauguin, donde el individuo con sus contornos únicos es disuelto en la sociedad enriqueciendo la panorámica dando espacios para que el artista capte rasgos que van más allá de lo físico e individual. Encantan estos trazos fuertes donde los colores aportan mucho ya que descubren otra faceta del hombre tan bien guardada bajo un sinnúmero de mascaras. Es la realización de una nueva lectura del hombre la que atrae las atentas e interesadas miradas. Se convierte la pintura en otra llave para entender al hombre.
El color en la obra de Memo Vélez requiere atención: al ser empírico Vélez no era un destacado técnico y por ende no sufría el peso de los academicismos. No es equívoco jugar con la idea y hablar de un primitivismo expresionista donde la perspectiva o volúmenes no eran el objetivo perseguido. Los colores primarios y sus mezclas buscando el brillo y la fuerza del color fue el tenor básico. El negro y el blanco Memo los usaba en pocas ocasiones como reflejo de una claudicación momentánea. El color en su obra era reflejo de un positivismo, de una aceptación de la vida y una bandera de una inteligente alegría.
Para Vélez el deporte era una pasión que igualmente dejó huella en sus cuadros. El ciclismo y el fútbol le embargaban el día cuando había mundiales de fútbol o vueltas, giros o tours. Son muchas las obras que plasman la profunda admiración y grandísima simpatía que sentía Vélez por los goleadores y los pedaleadores. Podía hablar horas enteras de los logros de estos atletas de alto rendimiento y la emoción que le producían.
Políticamente Memo Vélez era de izquierda, una izquierda anárquica consiente sobre todo de la gran injusticia social que padece el país. Prevalecía en su opinión política la emoción a pesar de ser un hombre bien informado, atento a todo tipo de noticia. Daba la impresión que no le importaban datos y contenidos ideológicos volviéndose todo un juego brusco recargado de maldiciones. Oírlo despotricar de Uribe Vélez se convertía en una puesta en escena de un ritual donde él fungía como sumo sacerdote. Era de izquierda por amor a la justicia, por dolerse de la vida del desvalido; por inconforme con un país poseído por pocos sectores que hacen todo lo posible por no dejar participar a nadie en el poder. A veces demócrata en el sentido de la igualdad del ser humano y la capacidad de todo hombre en buscar su libertad y a veces jacobino (¿o tal vez stalinista?) en los métodos para castigar a los contraventores del bienestar del pueblo.
Decir que deja esta prematura muerte un vacío es poco, su partida más se asemeja a una madre gestante que deja de existir, dejando de alimentar a ese feto que depende completamente de ella. Ya no habrá quién agregue pinceladas a esa obra (Indulgencia por el pesado símil). Muere el hombre y muere su vitalísima obra. No hablo de los cuadros físicos, sino de esa exitosa búsqueda que Memo había convertido hace muchos años en un lenguaje, en su lenguaje.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015