Pedro Felipe Hoyos Körbel


Ayer hace 100 años se extinguió la agitada vida de Agripina Montes del Valle en la población de Anolaima. Había nacido esta destacada figura de las letras hispanoamericanas y la sociedad colombiana en Salamina en el año 1844. Digo letras porque fue una de las pocas poetisas de nuestro país que alcanzó la fama internacional, y me refiero a la sociedad ya que su legado como mujer fue de trascendencia por no decir vanguardia. El siglo XIX en Colombia cuenta como muy pocas protagonistas, esa comunidad no había dado mayores pasos para reconocer a la mujer como un elemento articulador de la sociedad. Siguiendo los preceptos judeocristianos que intuían en la mujer la presencia del diablo, Occidente elaboró una sociedad patriarcal que subyugó a la mujer a su visión, reduciendo su participación a un espacio excesivamente elemental. La apretura fue muy lenta y fueron esas grandes figuras que dieron pasos definitivos y que a la vez sufrieron las consecuencias de discrepar y poner en tela de juicio una tradición y forma de vivir centenaria. Apenas en 1957, o sea casi cincuenta años después, la mujer colombiana obtuvo el derecho al voto.
Causa admiración entender cómo Salamina, en plena colonización antioqueña, es la cuna de esta personalidad que brilló con luz propia ya que no era la hermana, esposa o hija de un destacado prócer, como sucede por ejemplo con doña Soledad Acosta de Samper o doña Soledad Román de Núñez, sino basó su reconocimiento en su talento como poeta.
La visión que tenemos de la colonización antioqueña, donde la mujer acompañaba a valiente y laborioso colono entra en conflicto con la poetisa salamineña. Al colono respaldado por la juiciosa mujer, usualmente de pocas lecturas y aún menos escrituras, que va los domingos a misa y se encarga de muchos oficios en las recientes rozas, se le debe sumar una mujer que no pensaba en términos de matas de yuca, café y plátano sembrados, sino que descifraba el mundo en términos poéticos. Salamina contaba con tres mil habitantes en esa época y se componía de casas de techo de paja separados por calles enlodazadas donde mucha gente pasaba siguiendo una ruta de prosperidad. No tenía la Cartagena de los Andes el aspecto bello que muestra actualmente, sino era el punto de avanzada de esa mole colonizadora que rápidamente se desplegaba sobre las selvas vírgenes, con problemas irresolutos de derechos de propiedad. Todo parecía transitorio, los vecinos aumentaban y a la vez partían hacia las poblaciones por fundar más al sur. Caravanas de gentes se hospedaban por poco tiempo para seguir su marcha a un desconocido, pero promisorio punto de destino.
Expuso Agripina Montes del Valle en su poesía un punto de vista muy definido, no se debe creer que porque era poetisa era una mujer que vivía en ensueños desligada de la realidad. Su, tal vez, más conocido poema "Al Tequendama" es una bella parábola de la vida, usando a la naturaleza como símbolo: "¿Qué buscas en lo ignoto?
¿Cómo, a dónde, por quién, vas empujando...?" Más adelante dice: "…no a investigar la huella de los años
de tu drama en la página perdida,
hoy que la fe de la ilusión ya es ida
y abatido y helado el pensamiento
con el adiós postrer de la esperanza
en tu horrible vorágine se lanza
desplomado al más hondo desaliento…"
Pero todo este valor cultural solo sirve para crear en esta sociedad ingrata un aterrador contraste. ¿Quién sabía de esta efeméride? ¿Caldas, Colombia, o la misma Salamina se prepararon para este centenario? ¿Dónde está el homenaje? ¿Por qué se deja pasar una fecha de esta importancia y no se hacen las reflexiones tan necesarias y se analiza esa vida que tanto aportó a la fisonomía que tiene el país actualmente? ¿Por qué tanta indiferencia? ¿Con qué autoridad moral les pide nuestra sociedad a las jóvenes que no delincan, que no se hundan en la droga y la consecución del dinero fácil si a las mujeres que constituyeron valores se les premia su vida y obra con el más desnaturalizado olvido? Lo que no es capaz de resaltar esta sociedad en figuras como Agripina Montes nunca lo reconocerá en las mujeres actuales. Si analizamos el origen de las campañas en defensa de la mujer víctima de la violencia masculina, nos damos cuenta que estas son tareas que les ponen organismos internacionales a estos gobiernos avispados, pero que no surgen de la convicción de la gente. Colombia sigue siendo un país machista e ingrato a pesar de las pendejas estadísticas que presenta el gobierno central en lo que se refiere a la disminución de actos violentos contra las mujeres. Con el olvido que Colombia cubre a mujeres como Agripina vemos qué poco hemos avanzado y que no dejamos de ser hipócritas, que nos ufanamos de ser justos e incluyentes, que solo somos fuertes burlándonos de los tiempos idos y sus atrasos, y no nos damos cuenta las grandes injusticias y desaciertos de nuestra sociedad actual.
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