Pedro Felipe Hoyos Körbel


Es obvio que el anhelo de tener una casa propia es más que válido, es importantísimo. Ser dueño de una vivienda significa arraigo y si recordamos que al iniciar nuestra democracia solamente podían votar los ciudadanos dueños de una propiedad, vemos entonces la trascendencia de ese hecho para la civilidad. Existe la expresión tener un hogar propio, que en sí es un contrasentido conceptual, pero nos ayuda a entender que ser dueño de una casa es una realización personal que le infunde satisfacción a su dueño ya que significa un logro grande en su vida. Pero cuando vemos que ese deseo, que hace mover billones de pesos dentro de la economía, se convierte en una carga para las ciudades, es hora de tomar posiciones en el asunto ya que la expansión de las ciudades tiene un costo en muchos aspectos. De nuevo estaríamos observando cómo lo individual adquiere más peso que lo colectivo y la esencia de la ciudad es precisamente ese equilibrio entre lo individual y lo colectivo o sea la convivencia moderada de todos sus habitantes.
Los urbanistas actuales son los facilitadores de ese sueño individual que ellos perciben, principalmente, como negocio o sea oportunidad de engendrar riqueza y entre más, pues mucho mejor. El colectivo, en este caso la municipalidad, expide un código urbano que da unos lineamientos de cómo se debe encauzar esa actividad que transforma a las ciudades y les determina su personalidad. Todo ser vivo posee una personalidad, inclusive una ciudad. La personalidad sería la suma de unas características que convierten en único a su dueño y si se mira desde la óptica de la moral hay unas personalidades que se alinean a un lado por ser buenas y otras que se deben ubicar al otro lado por ser perjudiciales. Con este concepto podemos reemplazar tanta estadística poco traslucida y formar un criterio propio determinando qué es una buena o mala personalidad de una ciudad.
Resulta que barrios con un diseño excesivamente uniforme que no compensan al habitante con suficiente naturaleza determinan la personalidad de una ciudad. Barrios de invasión, construidos no solo careciendo de los servicios públicos básicos, sino construidos sin diseño, igualmente significan un deterioro para lo colectivo. Edificaciones nuevas que obtienen su lote demoliendo patrimonio arquitectónico, declarado o no, igualmente arrinconan a la personalidad de una ciudad en un lugar equívoco porque eliminan las expresiones y características de las épocas anteriores, destruyendo la historia de la ciudad, borrando su propio pasado. Cegar el pasado es como negar el futuro o no vivir el presente, es un desarreglo enorme.
¿Cuáles son las bondades de la buena personalidad urbana que estoy promoviendo? Es muy sencillo: el ser humano reacciona al ambiente que lo rodea, sin ser consciente de que los colores de las paredes de nuestras casas influye en nuestro ánimo y por ende en nuestro comportamiento. Igualmente una ciudad organizada, armónica, bella y limpia nos brinda un marco sano donde desarrollarnos. La ciudad es el mundo del ser humano de hoy, y se deben construir mundos en los cuales el que debe crecer es el hombre, no tanto la economía. Ciudades que realmente diseñan su personalidad teniendo en cuenta a sus habitantes, colocándolos a ellos como máximo fin, desplazando a lo monetario a un importante segundo plano, tendrán un impacto positivo en sus sociedades atemperando la convivencia. Ciudades para la paz no son los barrios sin medida que regala una casta política perversa de la cual nos dejamos gobernar, sino poblaciones que son generosas con todos sus habitantes.
Ser un despersonalizado en la acepción común de esta palabra es ser una persona carente de valores; ser alguien inclinado a la maldad; ser una eminente amenaza; ser una persona en la cual no se puede confiar, resumiendo: una persona poco atractiva. Honestamente, más allá de encuestas amañadas y falsos orgullos, ¿qué tan despersonalizada se encuentra nuestra ciudad? y después de dar una respuesta a esta pregunta, hagámonos otra: ¿Qué podemos hacer para enriquecer la personalidad de nuestra ciudad?
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