Efrain Castaño


Simplemente y de paso escuché una conversación entre una niña, a la que llamo voz blanca no solo por su timbre sino por su pureza, y con quien creo que era su padre; no era muy amigable el momento según el tono de voz y las frases dichas.
Entre frase y frase acompañaba un espacio de silencio tenso; de repente la chiquilla aquella soltó una frase que se clavó no solo en el oído sino en el corazón “por lo que veo dijo algunos hombre como tú, papá, son especialistas en abandonos”. Comprendí de inmediato el motivo de la tensión en el diálogo escuchado; él era un especialista en abandonos, quizás como muchos de nosotros que dejamos fácilmente nuestros deberes, compromisos, trabajos y promesas.
Es verdad que somos muchos los que somos amigos de colocar primeras piedras a muchos proyectos y obras pero que pronto ante la menor dificultad dejamos tirado todo, a medias, sin proseguir; por ello es difícil encontrar a quienes llevan hasta el final lo que se les ha confiado, aquellos que aman toda una vida, son educadores toda una existencia, son amables siempre.
Son ya muchos los padres y madres que abandonan a sus hijos y que refuerzan al diario anuncio en televisión de chicos que “buscan a sus padres”, pero hay que anotar que también son muchos los hijos que por cualquier reclamo o corrección que no les gusta han abandonado a sus padres y ni siquiera en tiempos tan profundos y significativos como Navidad y Año Nuevo o cumpleaños se dignan tener un mensaje, una llamada, una manifestación de presencia, gratitud y cariño.
Hay personas que han convertido su corazón en piedra olvidando que tenemos un corazón de carne hecho para amar, hacer presencia afectuosa, expresar cercanía y bondad; la fuerte escalada de violencia intrafamiliar tiene aquí una de sus manifestaciones más fuertes hoy que nacen de los especialistas en abandonos que se escudan en la expresión fuerte y a veces grosera para con los demás.
Estamos haciendo sufrir a muchos con esos abandonos del hogar, del trabajo o de la fe que son pilares de la vida, que causan heridas y ausencias dolorosas y difíciles de cicatrizar; una llamada, una nota, un abrazo de saludo pueden ser bálsamo para tantos corazones heridos.
Ojalá este nuevo año lo iniciemos con fuerte promesa de perseverancia, con decisión para no abandonar lo que es nuestro deber, de continuar la misión que el Señor nos confía cerca a los nuestros, a nuestra manera de ser y actuar; no vayamos a entrar en la cofradía de “los especialistas en abandonos” sino que por el contrario sigamos con ánimo alegre realizando con toda precisión lo que a diario nos corresponde hacer sobre todo en familia.
Vale la pena repetir el texto bíblico que en el primer día del año se lee en la celebración litúrgica: “Dios dijo a Moisés: di a Aaron y a sus hijos: el Señor te bendiga y te guarde, Él haga resplandecer su rostro sobre ti y te mire con buenos ojos; él vuelva su rostro sobre ti y te dé la paz”. Buena palabra para iniciar el recorrido de un nuevo año.
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