Efrain Castaño


Estaba en sus lúcidos y esplendorosos 42 años de edad; era joven y de gran proyección mundial; hermosa, cálida, alegre, con una voz que llegaba casi a la perfección; estaba ya en el escenario de las grandes cantantes de la historia musical.
Quién no se sorprende con la fuerza interpretativa que en la canción de amor de la película "The bodyguard" (el guardaespaldas) la llevó a la cima del arte musical como una de las inmensas divas del canto en este siglo; cantar como ella es estar cerca de la voz perfecta en matices, tono, fuerza, expresividad.
De pequeña había pertenecido al coro parroquial y desde allí fue escalando en el valor artístico, como lo han vivido Rafael de España desde el coro parroquial de su pueblo o nuestro Brayan, el José José de Yo me llamo, iniciado también en el coro navideño y luego en el de su colegio; "quería ser sacerdote", dice.
Llegaron los elogios, el paso por academias de canto que la llevaron a la altura expresiva que ella como pocas ha tenido por los pasos en los escenarios del mundo y en el cine.
Pero el 11 de febrero de 2012, hace apenas tres años, fuimos sorprendidos por la dolorosa noticia: el portento nacido en Nueva Yersey había fallecido ese día víctima de una saturación de droga y sedantes que desde hacía algunos años había empezado a consumir; la droga como monstruo que primero sonríe y después despedaza había acabado con la vida de la hermosa y excelente cantante Withney Houston.
Fue el final de una batalla que ella enfrentó sin éxito final; el humo, el polvo, la aguja, el licor, el aislamiento, el miedo al fracaso la llevaron al triste final que dejó dolor en el corazón artístico del mundo y que ratifica una vez más que la droga disminuye poco a poco, algunas veces desde la primera vez, la lucidez, el talento, la sociabilidad, la osadía, la valentía.
Una más, un eslabón más de una inmensa cadena que tiende a aumentar en la entrada del camino al consumo, al principio controlable pero luego fardo pesado que aplasta, destruye la personalidad humana reduciéndola a lo elemental (comer, descomer, caminar y dormir mucho y en cualquier parte).
Una más que no nos debe dejar impasibles; se perdió para el arte musical una joya de la corona y si no se hace algo seguirá una cadena inmensa de vidas que caen en la red de la enajenación, del estupefaciente, de la fantasía artificial aumentada e incontrolable que termina o en una muerte súbita o un suicidio de confusión que deja un río de dolor, de sensación de incapacidad.
Sigamos impasibles ante la aprobación de la droga, su consumo y distribución que cree enriquecer y solucionar la existencia y pronto estaremos lamentando una locura colectiva incontrolable; habremos fabricado otro temible Frankestein.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015