Efrain Castaño


Brasil celebra ahora el certamen mundial de Juegos Olímpicos, que congrega a casi todos los países del mundo en competiciones que buscan superar el esfuerzo humano en las pruebas del deporte a nivel mundial; por ello se habla de marcas, récords y medallas, puntajes y esfuerzos.
Casi todo el mundo quisiera estar en Brasil viviendo de cerca este certamen de impacto mundial y si es persona del Brasil que tiene allí su familia, su manera de habitar estos días, con mayor razón; se dice que no se puede perder esta oportunidad.
Pero me he encontrado en estos días con personas del Brasil que pudiendo irse en esta época a disfrutar con los suyos de las hazañas que se van viviendo, pues no lo hacen, están acá gustosos y satisfechos, sin nostalgias o tristezas dañosas.
Uno de ellos es joven atlético, vivaz, amigo del deporte; pero le abordé y me afirmó estar contento acá, que no siente pesar por no viajar si bien lo pudo hacer pues tiene allá familia; pero no, dice que prefiere seguir trabajando en lo que ama y quiere; a personas por quienes a diario regala su vida; es un misionero que en un lejano poblado construye una comunidad de fe, una parroquia viva; es un acompañante que estimula el crecimiento de creyentes y no creyentes; es un buen Párroco sonriente y laborioso como hay tantos que desgranan sus días y las horas en servicio a la causa del Reino de Dios.
Otra es una muchacha que adorna su hablar carioca con una sonrisa que tiene tinte de samba; esbelta, grácil, de movimientos rápidos y airosos; es una monja que trabaja en otro sitio animando el caminar de muchos en la población en la cual su comunidad tiene un colegio para clase marginada y marca la existencia de niños y jóvenes con el ánimo, la esperanza y la fe; es abrazo de Cristo limpio y tierno en un mundo castigado por la violencia; la quieren, la rodean y gritan de euforia en la escuela, en la calle y en sus casas.
Se hace ayudar de otra chica de fogosidad y estampido fiestero; las dos son del Brasil y tampoco se animaron a vivir la fiesta olímpica, no porque no les llame la atención sino porque prefirieron quedarse, seguir derramando el bálsamo de su cariño y vida de fe en medio de comunidades necesitadas de toda asistencia.
Siento que nos hace falta ver personas así, tan generosas, tan rodeadas de evangelio que vierten entusiasmo en niños, jóvenes, adultos y ancianos con su presencia generosa.
Veo que son las personas que construyen un mundo mejor, una nueva sociedad, un sendero de luz y que derrotan todo pesimismo nacido de la acción a veces equívoca de algunos evangelizadores que en momentos de crisis o debilidad manchan el brillo del eterno mensaje.
Es verdadero gozar con estos héroes de la Paz que hacen más por el mundo que aquellos que “corren en el estadio”; la gloria de unos merecida y plausible no nos debe hacer olvidar la hermosa vida de creativos de Fe.
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