Efrain Castaño


El 24 de febrero de 1920 Adolfo Hitler presentó ante 2.000 delegados del partido obrero nacional socialista alemán el programa político a seguir; nadie se imaginaba que años después sería el partido Nazi con la increíble etapa de los campos de concentración antisemitas y destructores de toda oposición.
Lo que nació en Munich sería una fuerte planta de violencia y pasión nacional; aquella semilla creció dando como fruto la guerra; en los campos de concentración se vivieron casos de horror como también casos de libertad y gloria; los más fuertes llegaron a ser quienes se aferraban a la Fe judía o cristiana.
Basta ver a aquel resistente Dietrich Bonhoeffer quien antes de ser ejecutado el 9 de abril de 1945 escribió: “tendido por entero en el camastro fijo la mirada en la gris pared... hasta que tras la noche escarlata alboree el nuevo día: resiste!”.
Cómo olvidar a Ana Krank la quinceañera bonita que permaneció oculta tantos meses viviendo el miedo de ser descubierta en su escondrijo por las tropas nazis, dialogando con su famoso “diario” escrito con sabiduría y profundidad, resistente hasta ser descubierta y asesinada.
Cómo callar la nobleza evangélica y valentía del célebre padre Maximiliano María Kolbe quien canjea su vida por la de un condenado, padre de familia que logra tras este gesto de amor llegar un día a reunirse con su familia al ser liberado; el día de la canonización del P. Kolbe allí en la plaza de San Pedro estaba en primera fila este hombre con su esposa e hijos.
Estos campos de concentración fueron balanza para mostrar lo que cada uno llevaba dentro, la resistencia y valentía, la superación de odio y venganza.
Giovanni Guareschi, profundo escritor italiano autor de la famosa obra “Don Camilo” que narra el choque entre política y religión hasta llegar a la reconciliación, en otra de sus obras se mete en la dura vivencia de un campo de muerte nazi.
Cuenta el encuentro de dos amigos mientras van tal vez a los hornos fatídicos mortales; “Giovannino, le dice su amigo, al verte parece como si hubieras ganado una guerra, no pareces un condenado; él replicó concreto: sí, me siento un vencedor, porque en diecinueve meses he logrado no odiar a nadie”; frase maravillosa: está en medio de un cataclismo, viendo a sus verdugos... pero ha conseguido no odiar a nadie... es un vencedor.
En esta Cuaresma de este año de la Misericordia urge mirar hechos como estos para aprender valentía y amor, para recordar que libertad significa liberarse de los venenos del odio, resentimientos, venganzas, despechos, maldades.
Libertad significa capacidad de escribir una historia nueva distinta de aquella triste y repetitiva de hastío, odio y violencia.
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