Efrain Castaño


No solo el volcán del Ruiz arroja en sus contorsiones crujientes piedra y fuego, sino esta raza caldense exaltada por el canto-bambuco "grandeza y estirpe" de Óscar Alonso Villegas hecho emoción en la interpretación de nuestra Orquesta de Cámara de Caldas: "por la historia de una raza de machos y titanes, por las hembras que a la Patria dieron hijos ejemplares".
Cinco años después de fundarse la población, Manizales ya tenía en 1854 un templo pajizo porque levantó en el centro el sencillo monumento a la Fe, la oración, el trabajo y la familia; los lotes familiares rodeaban la pequeña capilla como hijos apretujados al calor de la madre.
Un terremoto que rugió como oso que despierta dañó la pequeña capilla pajiza en 1884; sin embargo esta raza no se dio por vencida, quiso seguir construyendo futuro; en 1888 ya se tenía la bella pila traída de Londres para adornar el parque y gozar con sus penachos de agua que llenaban de música los pasos del arriero y los taconeos elegantes de las mujeres laboriosas.
Ese mismo año el célebre Antonio Guerrero arrancaba aplausos por sus proezas en el globo gigante que recorría por los aires el pequeño terruño. Floreció de nuevo la fe de esta raza y el 26 de agosto de 1888 se colocó la primera piedra para la edificación de un bello templo en cedro que llegaría a ser la primera catedral de la Diócesis nacida en 1900.
Bajo la guía del párroco Gregorio Nacianceno Hoyos, quien sería el primer obispo se construyó así el Templo con diseños de Mariano Santamaría, bogotano, y el empuje del arquitecto Heliodoro Ochoa; la ciudad lloró años más tarde el panorama de su Templo destruido por las llamas del incendio del 20 de marzo de 1926; en 1928 Manizales gritó de nuevo que quería seguir viva en el concierto nacional y empezó la construcción de la hoy muy bella Catedral que levanta su torre central como dedo señalando el Cielo, la altura, la esperanza.
Es un verdadero daño al civismo y al sentido de pertenencia y amor al terruño omitir la historia de esta nuestra raza con su fuerza de fe y amor a la familia, a las buenas costumbres, a la valentía de vivir, al coraje para actuar.
Hay que sembrar en la niñez y la juventud el amor a nuestra historia, la tierra donde vivimos, los caminos a seguir. Necesitamos candidatos políticos que apoyen la base familiar, la empresa local, los esfuerzos de cada barrio, parroquia, entidad.
Gracias a la Pastoral Juvenil por la celebración en esta fecha de la Semana Juvenil con la invitación a los jóvenes a ser caminantes de la fe, la esperanza y el amor. Todos somos piedras vivas para construir con el fuego del Espíritu una ciudad, un terruño y una raza. Somos piedra y fuego vivos.
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