Efrain Castaño


Un amigo poeta tituló uno de sus libros "piedra y cielo" para resaltar el contenido de sus poemas: la exaltación del valor de la tierra y de la trascendencia, puntos de vista que en la fiesta de Navidad se unen para realizar los anhelos de salvación que todos llevamos dentro con el deseo de ver su realización afuera, en el trajín del diario acontecer.
Otro amigo, músico él, tiene en la letra de una de sus canciones más conocidas las palabras pena y cielo: "siempre que siento penas en mi poblado, miro tu lindo cielo y quedo aliviado".
Este compositor cumplió este año el centenario de su nacimiento (1914) y hoy recordamos su muerte en Cali el 10 de diciembre de 1966; su nombre es bien conocido: Petronio Álvarez Quintero nacido en Buenaventura, tierra que amó con pasión; parte de su vida artística la enrutó en enaltecer los ritmos musicales del Pacífico colombiano.
Vale recordar sobre todo dos de sus famosas composiciones musicales: "Bochinche en el cielo" y "mi Buenaventura" que le llenó de felicitaciones al resaltar su "bello puerto del mar mi Buenaventura, puerto precioso circundado por el mar".
Cada año Cali celebra el festival "Petronio Álvarez" que pretende dar a conocer la música del Pacífico colombiano y proyectarla al mundo con su vibración y clamor.
Petronio no solo hizo de sus canciones ritmos vibrantes y de son de tambores y flautas, sino que luchó para que Buenaventura como puerto de Colombia y toda la tierra del litoral Pacífico fuera reconocida como belleza Patria y asistida en su progreso.
Buenaventura es una muestra de lo que no se ha podido hacer: es un inmenso puerto por donde entra cantidad de mercancía en un movimiento de barcos inmensos con sus grandísimos "contenedores" que traen y llevan en sus vientres producción que llega y sale, riqueza que mueve la economía de gran parte de la vida nacional.
Es doloroso y casi increíble constatar al visitar el puerto de Buenaventura palpar que la riqueza llega y sale pero no se queda en los habitantes del puerto que en gran parte ponen sus brazos y fuerza en el trabajo diario, que por muchos años fueron quienes cargaban el duro peso en el traslado de lo que llegaba en los barcos y luego en el descargue, pero jamás llegaron a tener una casa digna para vivir y los servicios esenciales de salud y educación.
Cuando la maquinaria entró el hombre fue desplazado y quedó allí hundido no en la pobreza sino en la miseria, en un abandono que se agravó con la entrada del imperio de las mafias, las armas, el conflicto por el dominio de territorios y manejo de mercancía; un redactor alguna vez escribió un estudio sobre ese estado de cosas y tituló con rabia y acierto: "Región donde lo hermoso está al lado de lo terrible".
El Episcopado desde Monseñor Gerardo Valencia Cano hasta hoy ha sido voz que clama para que no se siga abriendo la enorme brecha entre riqueza y pobreza que allí se hace dolorosa y evidente. Ojalá Navidad traiga novedad.
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