Efrain Castaño


Alepo es una población antiquísima de Siria (territorio de Berea) al norte; es región muy querida por la historia y tenida como patrimonio de la humanidad por la alta significación en la marcha del mundo; lleva años bajo el fuego del conflicto, hace meses fue bombardeada en forma inclemente y hace pocos días de nuevo un bombardeo destruyó lo poco que se había logrado reconstruir.
Destruida Jerusalén en el año 70 muchos judeo-cristianos, es decir judíos convertidos al seguimiento de Jesús, tuvieron que huir y buscar refugio en muchos lugares, lo que trajo un impulso a la divulgación del cristianismo por todo el mundo conocido de la época; muchos llegaron y se instalaron en Alepo y comenzaron allí las comunidades cristianas.
Ya en el siglo IV se conoce la existencia de algunas comunidades de la Iglesia cristiana y el conflicto con cismas y con las otras religiones orientales; escritores como Epifanio, Eusebio y Orígenes dan testimonio de estos hechos y dan a conocer primeros conflictos debido a mala convivencia y cero ecumenismo.
Y Alepo sigue combatida, destruida, acosada, perseguida; hace poco la reunión de Astana ha pretendido un acercamiento y una negociación entre el gobierno Sirio y la oposición; se busca con afán acabar con los bombardeos a Alepo y poblaciones vecinas en conflicto con algunos grupos islámicos.
Historia que se repite, violencia por falta de diálogo, acercamiento, procesos en desarme y entendimiento; lo anterior nos debe llevar a sentir la satisfacción de ver cómo en Colombia se ha logrado después de años de procesos, ensayos, acercamientos, estar en un momento de posibilidad de desarme y vida en paz.
Hemos dado pasos gigantes fruto de un largo proceso de años y de diversos intentos de un grupo y otro; ojalá aprendamos que por el diálogo es posible llegar a útiles y positivos acercamientos, que las armas no son contundentes en el arreglo de conflictos.
A nivel de país, de ciudad, de barrio, de familias, de personas debemos estar convencidos de la prioridad del amor, la misericordia, el perdón, el diálogo. No es bueno mirarnos como enemigos muchas veces sin conocernos, no es creativo alejarnos de las posibilidades de paz, tampoco ayuda estar a la mira de atacarnos, tratarnos como enemigos o rivales cuando juntos construimos el panorama de un mundo que puede y debe mejorar y que requiere la mano de todos, la voz amable, el gesto de perdón.
No permitamos que caigamos en el drama destructivo del odio, de la discriminación que niega la igualdad como seres humanos, como habitantes del mismo planeta del cual somos responsables cada uno en su lugar y trabajo.
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