Efrain Castaño


Fue una oscura noche la que pasó Jesús de Nazaret cuando fue apresado después de ser traicionado; Él, que no cometió delito probo la etapa de estar encarcelado, maltratado, golpeado, injustamente juzgado y condenado; fue una noche que le unió más de cerca con los atribulados, condenados y perseguidos de la tierra; nos iluminó la noche trémula.
Esta noche siempre ha golpeado al creyente mucho más cuando Jesús añade "vengan a Mí porque estuve preso y me visitaron" y liberaron; son hechos y frases que no nos pueden dejar indiferentes; un reo o un encarcelado no puede dejar indiferente a quien dice seguir el Evangelio.
En 1218 un varón recto llamado Pedro Nolasco tenía en cuenta esta situación; cristalizó esta actitud con la fundación de una nueva Orden Religiosa llamada "de nuestra Señora de la Merced" para el rescate de los cautivos y ayuda a los presos o detenidos por cualquiera causa; dejó consignado que sus miembros "imitaran al Hijo de María, Jesucristo, redimiendo a los cautivos, dándose a sí en prenda si fuere menester".
Los Mercedarios, así llamados, empezaron a hacer presencia liberadora en nombre de Cristo y al estilo amoroso de María de Nazaret; su presencia inicial fue en Europa para hacer frente a las persecuciones, luego pasaron al África (Fez, Tetuán, Argel); al llegar las naves de Colón en 1492 a este Nuevo mundo allí ondeaban los estandartes de la Orden Mercedaria; era la presencia de la Compañía de Nuestra Señora de la Merced cuya fiesta se celebra el 24 de septiembre.
Hacer merced es otorgar un don: ese regalo es la compañía junto a quien está privado de la libertad sea justa o injustamente; es liberar a quien está limitado en su libre ir y venir; es entregar la Fe, la Palabra, la oración a quienes están en situación de encerramiento o condena.
Para el cristianismo hay páginas del Evangelio que son invitación a no estar indiferentes sino a hacer presencia cercana y cariñosa junto al enfermo, el encarcelado, el forastero, el emigrante, al que tiene hambre o sed, al despojado de tantas cosas necesarias; hoy la invitación es a hacer presencia y apoyo a quienes están en prisión.
Es un drama vital estar sin libertad, sin salud, sin lo necesario, sin lugar de reposo, en soledad, sin familia, sin educación; como son millones quienes están en esta situación es deber de conciencia buscar la manera de estar presentes junto a estas duras situaciones.
En la fuerza eclesial existe la llamada "pastoral penitenciaria" que nace desde la actitud de Nuestra Señora de la Merced que nos dio el más grande don para la libertad y la felicidad que se llama Jesús el de Nazareth.
Si tenemos algún familiar o amigo en esta difícil situación penitenciaria hoy es día para recordarles y acompañarles y hacer presencia diaria junto a ellos apoyando a los capellanes y personal que como los Mercedarios laboran para llevar Fe, Esperanza y Amor.
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