Efrain Castaño


Hace cinco años el mundo recibió la noticia de la muerte del rey del pop, el señor Michael Jackson, quien en el escenario era sin lugar a dudas un verdadero espectáculo de sonido, color, movimiento, emociones.
Nadie puede negar que ese chico que se hizo hombre de fama era tímido, huidizo, silencioso pero al subir al escenario, a su trabajo profesional, se crecía, sacaba de su entraña una fuerza incontenible que le permitía ser creativo, entregado a la escena, intérprete maravilloso; qué bueno que cada uno de nosotros a pesar de sus límites, miedos y debilidades, diéramos en el momento de estar frente a nuestro deber todo lo que somos, tenemos y podemos, sería una fuerza para mejorar nuestra familia, trabajo y ámbitos de diario existir.
Pero ese mismo día 25 de junio del 2009 también murió en California porque desde joven allí hizo su existencia entre farándula, filmaciones para cine y televisión, celebraciones y vida de hogar.
Se trata de la bella y talentosa actriz Farrah Fawcett muy recordada por su papel protagónico en la serie "guardianes de la bahía" que en cada capítulo regalaba ediciones llenas de playa, mar, acción en su papel de salvavidas, guardianas de la bahía, un equipo aguerrido, audaz, amable y eficaz.
Un día Farrah se le anunció que tenía cáncer y desde ese momento empezó la lucha conocida que conlleva esta enfermedad; muchos años de intensa lucha, valentía, períodos fuertes y otros normales, pero con el común denominador del realismo y fortaleza.
Farrah era católica y desde muy joven hizo parte de la campaña del rezo del Rosario familiar que se hizo en California incluyendo Hollywood; la lectura bíblica, la asistencia a la Eucaristía dominical, la participación en campañas de beneficencia, todo ello era parte de la vida normal de nuestra actriz.
Después de algunos años llegó el día de su fallecimiento hace hoy cinco años; cuentan sus allegados que sí en verdad estaba muy quebrantada físicamente por la enfermedad, espiritualmente estaba fuerte, de ánimo y esperanza.
Recibió durante su enfermedad la unción de los enfermos como ánimo para el momento de disminución física de la vida, se alimentó en la Fe con la comunión y entregó su vida de mujer limpia, luchadora, ejemplar.
Son memorias agradables porque desde la realidad de la muerte nos invitan a vivir con sentido, equilibrio y entrega la existencia.
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