Efrain Castaño


Teodoro Gericault nacido en Rouen en 1791 era aficionado a pintar caballos e hizo un buen estudio de su anatomía, caballos de vigor como los que pinta nuestro querido Manzur colombiano; admiró a Miguel Ángel y quiso siempre ser expresivo en sus obras.
Un día tuvo noticias del siniestro tenido por la nave Medusa frente a la costas de Dakar cuyos náufragos vivieron una odisea y lucha por llegar a la playa, tomó un lienzo y pintó su obra que llegó a ser la más famosa salida de sus pinceles y mente grande: balsa de la medusa; esta obra está actualmente en las paredes del gran Museo del Louvre y es vista y bien comentada por los visitantes.
Cosas de la vida: Gericault pintor como pocos de la belleza equina murió en 1824 al caer de un caballo y sufrir de graves fracturas.
Pasó el tiempo y los estudiosos del arte pictórico encontraron en la pintura "la medusa" un símbolo de los seres humanos y su actitud ante la vida en el momento de la crisis, la dificultad, el tropiezo.
En la pintura en efecto todos están casi despojados de ropa, como debemos vivir sin apegos a las cosas que no son esenciales para existir; algunos están ya muertos flotando parte de su cuerpo en las aguas del mar; otros expresan desespero, angustia y dejadez tirados en el tosco piso de lo que quedó de la barca; otros aún sentados señalan débilmente hacia la lejana playa, solo unos pocos están de pie y decididos a continuar con su navegación hasta la costa.
Esa pintura ha sido tomada como símbolo de la actitud de los seres humanos en su existencia frente a la vida y sus oportunidades.
Muchos ya están tirados en el piso sin querer o poder avanzar; no tienen aliento para mirar el futuro, hacia arriba; casi ni abren sus ojos vencidos por una sinrazón vital; unos se han incapacitado para servir y a otros los han incapacitado por marginación, olvido o dureza; los han debilitado hasta el extremo.
Otros ya han muerto para la vida porque no tienen ilusiones, ganas, proyectos, oportunidades; son como peso muerto en la vida social; ni rajan ni prestan el hacha, ni miran, ni opinan, ni se esfuerzan, están muertos en vida, son un "no-futuro".
La pintura presenta a otros que aún en el suelo sin embargo señalan a la playa, aun sin fuerzas aspiran, tienen futuro, quieren seguir, avanzar, llegar, triunfar.
Y por último están los erguidos a pesar de su debilidad: son los líderes que muestran esperanzas y animan a todos; regalan voz y sonrisa para posibilitar la marcha hasta el final.
Vale la pena preguntarnos cuál de estos náufragos de la vida me personifica, representa o proyectan; "rema mar adentro" dice Jesús a todos.
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