Efrain Castaño


José M. Cabodevilla tiene un interesante libro sobre el humor: “la jirafa tiene ideas muy elevadas”; tan interesante lo que dijo Churchill sobre la guerra como lo que anotó sobre el mismo tema Chaplin; dos enfoques de mirar la vida.
El humor es una hermenéutica (explicación) sobre la existencia; sin embargo es útil anotar que hay humoristas de muy mal humor porque lo importante es mirar la vida con buen humor, con amabilidad, con telón de fondo lleno de esperanza.
En Manizales hemos tenido muchos analistas de seriedad seca y cortante pero muy pocos narradores con buen humor sobre lo difícil o sencillo. Deseo resaltar un libro escrito por el Dr. José Jaramillo Mejía sobre un hombre que enaltece las letras caldenses: Rafael Arango Villegas; fue humor sobre el amor.
Rafael fue un narrador de fina letra sobre la historia de nuestro terruño adquiriendo el sello de costumbrista, pintor del nacimiento de Manizales, Caldas y Colombia Repúblicana; supo unir historia y costumbres con el pincel hermoso del humor.
Hoy es merecido recordar a Rafael Arango ya que murió el 22 de junio de 1952 (hace hoy 64 años); nacido en Manizales el 26 de diciembre de 1889 supo vestirse de alpargata y mulera con carriel al hombro como también de elegante vestido y modales de etiqueta, en él se funden Antioquia y Caldas en una expresión histórica pujante, creativa, progresista y comunitaria.
Con el avanzar del tiempo ha crecido su valor como uno de los más ilustres narradores colombianos que con expresión de fina literatura sabe exprimir la anécdota de buen humor y amabilidad del nacimiento de nuestra comarca. Sus artículos publicados en varias etapas de la historia nuestra son una narración de nuestro hacer raza; leer “asistencia y camas” a la vez que nos arranca la risa limpia es descripción de las hospederías que abundaron en la naciente Manizales en el tiempo de la arriería.
Antioquia sabe resaltar a Tomás Carrasquilla y a Fernando González como narradores costumbristas con un tinte de buen humor e ironía; nosotros no hacemos lo mismo con nuestro valioso Rafael Arango Villegas que es fusión de Tomás y Fernando, las actuales generaciones ignoran su nombre y su significado tanto para las letras como para nuestra región; leer sus artículos es saber mirar la vida con un lente gracioso, amable, sencillo, alegre.
Alguien anota que Rafael “se dedicó a hacerle grata la vida a la gente que es la mejor manera de ganarse el Cielo sin perder plata”: él tenía nostalgia de Cielo, su alma limpia no temía estar ante el Señor; por eso de su pluma brotó aquella manera catequetética: “cómo narraba la historia sagrada el maestro Feliciano Ríos” que todos debemos leer.
El hombre es corporal y orgulloso al menos que el humor no acabe doblegándolo; muéstrame un niño aburrido y te mostraré mañana un joven vago.
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