Efrain Castaño


El 7 de septiembre de 1947 (hace hoy 69 años) Manizales dio un paso de ciudad grande: ese día se jugó acá el primer partido de fútbol profesional entre el equipo del departamento y el Santa Fe; el estadio Palogrande tuvo lleno y la asistencia de las familias fue amplia respuesta.
Durante mucho tiempo el domingo tenía el sabor a deporte, se asistía al estadio para apoyar nuestro equipo y la verdad que se sentía unidad y animación pues siempre se veía en el equipo fuerza y alegría, organización táctica, avances rápidos y coordinados que hacían surgir la emoción de todos; como en todo a veces se ganaba y a veces se perdía pero siempre había animación ya que se veía el empuje, la responsabilidad, la fuerza y la alegría de los integrantes de aquel equipo.
Tanto maduró la fuerza futbolística que en 1950 el Deportes Caldas se coronó campeón del fútbol colombiano, en la época llamada “el dorado” por la calidad de jugadores entre los cuales se encontraban en equipos de Bogotá los astros Pedernera, Rossi y Di Estéfano; había empuje y ganas en cada partido, no había violencia ni dentro ni fuera del estadio, no se escuchaban palabras insultantes; eran encuentros de aficionados entusiastas, fraternos, razonables para saber que no siempre se gana, que todo puede mejorar.
En aquella época ya Manizales influía en el país con valores deportivos de figuración como Hernán Pineda en atletismo o Gilberto Orejuela en lides físicas; el estadio era frecuentado y en una época cuando no había fútbol un domingo, había carreras de caballos y para ello había pista para dicho certamen alrededor de la cancha futbolera.
Se añora aquella época y las familias bien quisieran volver a compartir gratos momentos, pero parece que el ambiente de violencia en algunos, de insultos y maltrato con gritos de bajas expresiones, impiden que se pueda asistir con agrado.
Además, qué pasa con nuestro actual equipo Once Caldas que teniendo buenos jugadores, una nómina muy joven en su mayoría y con dotes suficientes para un buen desempeño, hace rabiar a más de uno porque parece que no hay esa fuerza y alegría para el juego, demasiada lentitud en algunos, falta de empuje y avance en otros, mucho reclamo y palabrería; tienen unas jornadas de lujo y buena presentación pero luego caen en una mala jornada; no se pide siempre ganar pero sí siempre jugar.
Al equipo se le quiere, pero a la vez hay deseos de verle en toda su potencialidad y despliegue, con la entrega de todo lo que cada jugador tiene que es mucho; les queremos y deseamos que cada vez se desempeñen con fuerza y alegría.
Los asistentes también podemos aportar los valores de convivencia, fraternidad, buen trato verbal y gestual; que ir al estadio sea un buen programa, un sano y alegre momento, una cívica expresión.
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