Efrain Castaño


Se dice que la vida de un creyente en Dios debe ser feliz, debe estar sellada con la certeza de dar cada día un paso adelante, arriba y de luz.
En un mundo lleno de esclavitudes y pobreza, violencia y dolor, hay que saber crear espacios a la felicidad como planta que florece en la sala de nuestra casa y embellece y perfuma.
Podemos recoger varias opiniones y en reunión de realismo mágico iluminarnos con gotas de sabiduría hacia la felicidad; varios personajes reunidos podían decirnos más o menos lo siguiente.
Mahoma irrumpió solícito y dejó caer una de sus máximas profundas y reales: “el que hace reír a sus compañeros merece el Paraíso”, lo que llamó a todos a regalar cada día a nuestros congéneres una brisa de humor que en el cosquilleo mental haga surgir una risa.
Sumando a lo anterior tomó la palabra el gran Víctor Hugo quien resumiendo parte de la sabiduría de sus escritos anotó con vehemencia: “la felicidad de la vida es sentirse amado”, lo cual explica por qué quien se convence del amor de Dios, de su familia o de un buen amigo puede tocar acordes de felicidad.
Pero allí estaba la sabiduría milenaria, la antiquísima manera de opinar y Séneca el gran sabio dejó lucir su opinión: “felicidad es no necesitar de ella”, es no estar mendigando cariños, regalos, éxitos, gestos de aprobación, es saber ver la realidad como un don, regalo y donación de un amor eterno, más que buscarla es estar con ella como se presenta cada día, como la madre que le basta poder acariciar a su pequeño aún sin que este le mire o le hable; felicidad es recibir cada día como don de Dios y besarlo agradecidos y empeñados en disfrutarlo.
Lo anterior lo hago resaltar con mi pensar, anotó Eleanor Roosevelt pues es verdad que “la felicidad no puede ser un objetivo, es una consecuencia”; es ver que el gozo se derrama por el mundo como un manantial que se desparrama desde un límpido lago de fresca agua.
A un lado estaba oyendo un buen hombre quien al fin abrió sus labios para regalar su opinar: he observado que “con los años vamos comprendiendo que felicidad y bondad son sinónimos”, que quien quiera ser feliz debe donar bondad, regalar cariño y ternura, emanar misericordia; (Lionel Barrymore).
De repente se puso en pie quien se robó las miradas: sus manos estaban marcadas por la señal de los clavos lo mismo que sus pies, la túnica aún estaba teñida de sangre en el costado, en su cabeza había tenido una corona de espinas.
He pasado por toda una historia dolorosa, cruel y triste, pero la he vivido como experiencia de amor, de bondad, de ternura, de misericordia, de donación por el bien universal; he resucitado y soy feliz. Regalo mi camino de felicidad en Mateo 5: “felices” los que siguen aquel camino.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015